Recuerdos

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Iratxe se sentía culpable, hacía meses que no sentía nada por su marido y era incapaz de decírselo. No estaba muy segura de cuál era la razón, no creía que la muerte de su hijo fuese el motivo, pero sí el desencadenante.

Muchas noches, antes de dormir, cerraba los ojos y recordaba su historia de amor con Manu.

Se cruzaban todas la mañana en el campus de la universidad. Él estudiaba agrónomos y ella periodismo. Iratxe recordaba perfectamente la cara de Manu el día que ella le propuso tomar un café. Y en ese mismo instante estuvo segura de que él sería alguien importante en su vida.

Estudiaban en Madrid y quedaron en un antiguo café con grandes cristaleras y un mobiliario que no habían cambiado en 20 años. Iratxe adoraba aquel lugar  y quería compartirlo con él.

-Buenas tardes señorita. ¿Desea lo de siempre?, le preguntó el joven camarero que siempre la atendía.

-Gracias pero espero a alguien, decidiré cuando llegue.

Iratxe estaba sumamente nerviosa y por eso no paraba de morderse el labio inferior como hacía siempre que algo la inquietaba. Habían quedado a las seis de la tarde y ella había llegado quince minutos antes, por eso la espera se le estaba haciendo eterna. Ella no llevaba reloj pero en la cafetería tenían colgado uno enorme de estilo francés que ella no podía dejar de mirar.

A las seis y cinco apareció Manu, llevaba el pelo despeinado y una barba que le daba un aspecto muy interesante. Traía varios libros en la mano.

-Hola Iratxe. Siento el retraso pero el autobús tardó más de lo habitual y no sabía exactamente donde estaba este lugar y di un par de vueltas antes de encontrarlo.

-¿No lo conocías? Le preguntó Iratxe sabiendo ya la respuesta.

-No, la verdad es que vivo en la zona de Ventas y no vengo mucho por aquí.

-Yo vivo cerca y es uno de mis lugares favoritos, me gusta sentarme dentro en invierno y observar a la gente que pasa por la calle. Y en verano hago lo mismo pero desde la terraza.

-Manu sonrió, bueno hoy es verano y estamos dentro porque ¡menudo aguacero está cayendo!

Ambos rieron.

-Sí, la verdad que estás tormentas de verano en Madrid son muy traicioneras.

El camarero volvió de nuevo a la mesa para tomar nota.

-¿Ya están listos para pedir? Se dirigió a Iratxe con una leve sonrisa.

Ella que estaba todavía más nerviosa que antes, contestó rápidamente.

-Para mí lo de siempre, por favor.  Y dirigió su mirada a Manu.

- ¿Qué es lo de siempre? ¿Quizás quiera acompañarte?

-Café con leche, largo de café y con doble de azúcar. Contestó el camarero, sintiéndose muy eficiente.

-Pues tomaré uno igual pero con poca azúcar. Muchas gracias.

Después de ese momento, les pareció que no había nadie más en aquel lugar.

Estaban absorbidos el uno por el otro. Iratxe le contó sus experiencias durante sus primeros meses recién llegada a Madrid.  Y Manu, que había nacido en la capital, estaba entusiasmado con todas aquellas aventuras que él nunca había experimentado.

Estuvieron cuatro horas sentados en aquella mesa y sólo fueron conscientes de aquello cuando el camarero le interrumpió para preguntarles si deseaban cenar algo.

Desde aquel día, no dejaron de verse. Manu nunca se había sentido tan bien, le costaba estudiar pero ella era muy aplicada e imponía horas de estudio para ambos. Estaban ya en el último año de universidad y ella tenía claro que no podían fallar ahora. Finalmente ambos se graduaron ese año en los exámenes de septiembre.

No pasó mucho tiempo y Manu se decidió a pedirle que se casaran. Él la llevó a la misma cafetería donde se habían citado la primera vez. Iratxe, no lo esperaba y se quedó tan sorprendida que no era capaz a reaccionar, pero a los pocos segundos de estar mirando el anillo fijamente se puso a llorar y se abalanzó sobre Manu abrazándole sin mediar palabra.

El camarero observaba desde la barra aquel bonito momento y ese día les invitó a cenar, se sentía feliz de haber formado parte de aquel momento.

Después  vinieron muchos cambios, viajes románticos, trabajos nuevos, ciudades nuevas y al final llego el embarazo. Llevamos mucho tiempo esperando que llegase ese momento.

 En ese instante era cuando Iratxe abría los ojos y volvía a la realidad. Su hijo ya no estaba y ella no quería que su marido estuviese. ¿Qué le estaba pasando? Los que habían sido los pilares de su vida durante los últimos quince años ya no lo eran. Pero ni ella misma lo comprendía, su hijo nunca iba a volver pero ¿Y Manu?

Ella notaba que él estaba algo distanciado pero se seguía preocupando por ella, la llamaba siempre a mediodía, como hacía desde que le había conocido. La acariciaba como el primer día, aunque el dolor desgarrador que él sentía al ver su familia esfumarse también lo transmitía. Pero sus viajes de trabajo le hacían mantener el equilibrio, eso es lo que ella percibía. Sin embargo, ella no quería ir a trabajar, estaba cansada de aquel lugar rutinario en la que nada, ni nadie eran interesantes y sólo la miraban como la pobre Iratxe que había perdido a su hijo.

Detestaba es sensación, siempre había sido una mujer fuerte. Y aunque inevitablemente la pérdida de su hijo la había destrozado no soportaba dar pena a los demás. Era muy duro perder a un hijo pero más difícil es saber que tienes que salir adelante sin remedio, porque lo que nadie sabía, ni siquiera Manu, era que estaba embaraza de nuevo.

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1 Comment

  • Responder mayo 19, 2014

    Marcela Catalina del Castelo

    Me encanta cada vez mas!!!

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