(R4) La huida

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La llamada de Corín iniciará una serie de acontecimientos que desembocarán en una huida contrareloj por la fastuosa ciudad de Tel  Aviv. Ante nuestro protagonista se presentarán numerosos interrogantes que marcarán el inicio de su aventura.

Oír la voz de Corín hizo que todos mis problemas se quedaran pequeños, su voz era tan embriagadora que no dejaba espacio en mi mente para nada más.

-Emm… sí estaba dormido pero tranquila no pasa nada.

-Lo siento mucho, no tenía intención de despertarte. Es que estaba paseando cerca de tu hotel y me han quedado algunas dudas sobre lo que hablamos en el avión y me preguntaba si me podrías ayudar a resolverlas.

Si hubiera estado un poco más despierto y si no hubiera tenido tantas ganas de ver a Corín me habría preguntado cómo sabía ella donde me alojaba yo si no se lo había dicho, pero el sueño y el deseo de verla me impedía pensar en nada más.

-Si claro, ahora en un momento bajo al hall y te lo explico

-Mejor dime tu número de habitación y subo yo, así estaremos más tranquilos.

Por mi perfecto, es la 104  te espero aquí.

Vale gracias, ahora nos vemos.

Tras colgar el teléfono una sonrisita indecente se dibujó en mi cara, ambos suponíamos lo que subir a mi habitación significaba. Estaba asustado, la verdad, tenía miedo de derrumbarme delante de ella y empezar a llorar como un niño. “Pero no joder, hoy no”- pensé,  había decidido dejar mi antigua vida atrás, a Bego, a nuestro hijo y a todo lo que había sufrido estos últimos años. Tenía que moverme, caminar hacia delante, porque si no lo hacía estaba seguro de que mi pasado volvería a alcanzarme y esta vez no quedaría en un puñado de pastillas para la jodida depresión.

Unos suaves golpes a la puerta me sacaron de mi ensimismamiento. Me levanté me arregle la camisa y me dirigí hacia la puerta. Sentía un ligero hormigueo el estómago, todavía hoy no sé si eran las ganas de ver a Corín o la culpa por engañar a Bego. Cuando abrí la puerta y vi a Corín el hormigueo se hizo mucho más intenso. Estaba guapísima. Llevaba unos pantalones vaqueros y una sencilla camiseta blanca que me hacía intuir completamente su figura. Se me envenenaban los pensamientos solo de verla.

-Pasa, pasa Corín pasa. Perdona el desorden pero todavía no he acabado de instalar…

No llegué a terminar la frase.  Se abalanzó sobre mí y me besó. En ese preciso instante, Dios me perdone, me olvidé de todo: de Rubén de Bego, y de todos. En mi mente sólo estábamos yo y Corín fundiéndonos en un beso largo e intenso.

Nos fuimos moviendo inconscientemente hacia la cama mientras nos besábamos. Ella empezó a quitarse la camiseta y me dejó echar un vistazo a su piel del color del café. Me invadía un vértigo tremendo, no podía dejar de pensar en que todo estaba yendo muy rápido,  demasiado rápido. Si solo un poco de mi sangre se hubiera quedado en mi cerebro hubiera pensado que allí había gato encerrado. Pero no estaba yo para pensar en esos momentos.  La miré con ojos lascivos y me abandoné con ella a la lujuria.

No estoy seguro de en qué momento de la noche me quedé dormido. Cuando me desperté las sábanas todavía estaban calientes y en el aire se respiraba el aroma de Corín. Alargué el brazo hacía la mesita para coger el móvil pero en su lugar había una nota. Supuse que sería una disculpa de Corín por haberse ido sin decirme nada (cuan equivocado estaba).  Encendí la luz y me dispuse a leerla.

“Manu debes salir enseguida del hotel, tu vida corre peligro, nos encontraremos en dos horas en el Mirador de Jaffa. No confies en nadie.”

Me costó unos segundos asimilar la información de esa nota, no sabía si creérmelo o no. Acababa de conocer a Corín y no parecía el tipo de persona que le gustaba gastar bromas de ese tipo. Y aunque que fuera mentira tenía poco sentido, que fuera verdad despertaba aún más interrogantes. ¿Quién era en realidad Corín?¿Por qué mi vida corría peligro?¿Podía confiar en ella?

El sueño se me había pasado de golpe, no las tenía todas conmigo pero lo había decidido. Iría adonde Corín me había dicho. No me había parecido una broma y si tenía que confiar el alguien confiaría en Corín.

Rápidamente me vestí y encendí el ipad, y entré en google maps. El mirador de Jaffa, estaba a una hora en coche. Abrí mi correo y busqué el número de la empresa de taxis  que me habían recomendado, tras esto, cogí  el móvil y los llamé, me dijeron que en diez minutos tendría un taxi delante de la puerta de mi hotel. Colgué y cogí mi cartera. Tenía suficiente dinero como para poder pagar a un taxi. Rápidamente metí el ipad, el móbil y mis pastillas en mi mochila y salí de mi habitación.

 Las luces automáticas del pasillo se encendieron mostrándome un largo pasillo vacío. Justo cuando cerré la puerta oí el sonido del teléfono de mi habitación. Mi mente empezó a imaginar teorías, a cada cual mas fantástica a porqué me llamaban a esas horas de recepción. No estoy orgulloso de decirlo pero estaba muerto de miedo, fui todo lo rápido que pude hacia las escaleras y las bajé de dos en dos. Bajé hasta la planta principal y me asomé discretamente al pasillo que comunicaba con el hall.

Allí había dos tipos de etnia árabe, grandes como armarios, embutidos en  unos trajes iguales a los de los hombres de negro, parecían matones de la mafia. Estaban hablando con la recepcionista que estaba completamente aterrorizada, casi al borde del lanto. Mi mente iba a toda velocidad, intentando buscar una manera de poder huir del hotel sin que esos tipos me vieran, pero no la encontraba, así que decidí esconderme y esperar a ver qué hacían.

 Aquellos dos hombres estaban demasiado ocupados con la recepcionista que no vieron como me deslizaba silenciosamente hasta el cuarto de las escobas, que gracias al cielo, se había quedado entreabierto. Entré allí y me asomé discretamente a la puerta intentando captar algunos retazos de la conversación entre aquellos sujetos y la recepcionista. Por lo que pude entender aquellos señores querían mi número de habitación y saber si me encontraba en el hotel en esos momentos a lo que la recepcionista se negaba. Uno de ellos le hizo una seña al otro y este miró por encima del hombro, estaba buscando cámaras de seguridad. Estuvo unos segundos mirando y luego le hizo un gesto negativo al otro que se sacó un revólver del bolsillo de la americana. Mi corazón empezó a latir rápidamente y un sudor frio me recorrió la espalda. Aquellos hombres habían venido a matarme y no parecía que ningún obstáculo se lo fuera a impedir.

La recepcionista lanzó un grito ahogado pero el tipo de la pistola apretó la pistola contra su sien y le dijo que si intentaba algo raro la mataría. Me fijé en la expresión de su cara, estaba disfrutando. La recepcionista, asustada empezó a buscar por los cajones hasta que sacó una tarjeta. Aquel tipo la cogió y, tras esto, le atizó en la cabeza con la culata el revólver. La recepcionista cayó al suelo inconsciente. Tras esto el hombre se guardó el revólver, se ajustó la americana y mientras iba hacia las escaleras le hizo una seña al otro tipo que le siguió.

Parecía que lo que me había dicho Corín era cierto. No podía creer que eso me estuviera pasando a mí. Ya tenía suficientes problemas en mi vida como para que ahora intentaran matarme. Respiré hondo y me obligué a mi mismo a pensar. Necesitaba huir del hotel tan rápido como pudiera y llegar al mirador para reunirme con Corín, esperaba obtener de ella respuestas a las numerosas preguntas que se agolpaban en mi mente. Era ahora o nunca, aquellos dos tipejos habían subido a mi habitación y no tardarían en darse cuenta de que yo no estaba allí. Salí corriendo del hotel y giré la cabeza a ambos lados rogando que el taxi hubiera llegado. Efectivamente a unos metros de mí estaba un coche con el cartelito verde encendido. Corrí hacia él y tras subirme le dije al conductor que nos fuéramos rápido de ahí que tenía prisa. El hombre arrancó el motor y el coche empezó a moverse y cuando ya llevábamos unos metros recorridos, escuché unos disparos.

Joder, joder, joder, joder- empecé a maldecir

No quise mirar hacia atrás. El taxista aceleró súbitamente y giró. Estábamos a salvo de aquellos hombres. De momento.

 El taxista estaba tan asustado que no me había preguntado donde quería ir. Tras serenarme un poco, consideré mis opciones. Si iba directamente al mirador corría el riesgo de que aquellos tipos me siguieran, pero si me perdía por Tel Aviv, quizá no llegara a tiempo a mi encuentro con Corín. Decidí ir a la estación de autobuses y allí ya me las apañaría para llegar al mirador. Se lo dije al taxista y le dije que si conseguía llegar en menos de 20 minutos le daría una generosa propina.

El viaje en taxi duró poco, las calles estaban vacías y el taxista corría como alma que lleva el diablo. Al llegar le pagué al taxista la carrera, una generosa propina y le di las gracias encarecidamente. Me hizo una mala cara me dijo algo claramente ofensivo en hebreo y se largó.

-¡Vaya con el servicio!- pensé

Me metí enseguida en aquel gigantesco edificio. Había leído en algunas guías de viaje que Tel Aviv tenía la mayor estación de autobuses del mundo pero aquel edificio superaba todas mis expectativas. Era obscenamente grande. Entré y busqué un mapa para saber dónde estaba el punto de información. No quedaba muy lejos así que en unos minutos me planté allí. Me atendió una chica muy simpática que amablemente me atendió. Me dijo que salía un bus hacia la zona donde estaba el mirador en 40 minutos y me indicó el precio y la duración del viaje. Como quedaba mucho tiempo me recomendó visitar el gigantesco centro comercial de la estación de autobuses. Le di las gracias y me fui directamente a la taquilla a comprar el billete. Una vez lo tuve en mi poder decidí pasearme por el centro comercial. Mi mente estaba alerta, temía que si me quedaba parado en el mismo sitio aquellos dos hombres me encontraría y me matarían. Estuve caminando sin rumbo fijo mientras intentaba ordenar mis pensamientos, pero no lograba concentrarme, la adrenalina fluía por mi cuerpo y mi mente estaba en alerta permanente.

Cuando faltaban 10 minutos fui directamente a donde la chica de información me había dicho. No me costó mucho encontrar mi bus y subirme a él. Una vez sentado en mi asiento todo el cansancio que llevaba acumulado, por el jet-lag y mis experiencias esa noche, se presentó ante mí y caí dormido en un sueño profundo.

Un frenazo brusco del autobús me despertó. Saqué el móvil de mi mochila y miré la hora, quedaban 30 minutos para encontrarme con Corín. Llegaría a mi destino en 20 minutos. El sol empezaba a salir, los pequeños comercios empezaban a abrir sus puertas y la gran ciudad empezaba a moverse, nunca me había parado a pensarlo pero las grandes ciudades son como un gran organismo vivo, se mueven, crecen y se alimentan de los sueños y realidades de las cientos de miles de personas que lo forman, y pensar que cada una de esas personas, en su grandiosa insignificancia, es en ella misma, un universo propio y autónomo me hacía sentir un vértigo tremendo. Me puse a pensar en Begoña y Rubén, en mi trabajo y en Corín. ¿Estaría yo ahora mismo montado en este autobús si no me hubiera pasado todo lo que me pasó? ni yo ni nadie podía contestar a esa pregunta.

Con esos pensamientos rondando mi cabeza llegué a mi destino. Quedaban diez minutos para la hora acordada, el sol se levantaba por el horizonte, iluminando las aguas cristalinas del mar mediterráneo. Caminé hasta la punta del mirador y me senté a contemplar la grandiosa vista que tenia ante mí. Me quedé absorto unos minutos hasta  que una suave voz me sacó de mi ensimismamiento, giré la cabeza y allí estaba ella. Corín. Lucía bellísima, los rayos del sol no hacían más que resaltar su tez morena que contrastaba con la luz que transmitía su sonrisa. Si alguien tenía que meterme en problemas, claramente prefería que ese alguien fuera Corín.

- Manu, menos mal, gracias a Dios que no te ha pasado nada.

- Su tono de voz serio me sacó de ensimismamiento. Empecé a disparar las preguntas que me habían estado atormentando toda la noche.

- Pero qué está pasando aquí? Porqué me quieren ver muerto? Que tienes tú que ver en todo esto?

- Lo siento Manu, ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. Responderé a todas tus preguntas, pero vayámonos de aquí. Ahora nos vienen a buscar.

Me tendió la mano y me ayudó a levantarme. Un zumbido empezó a escucharse en la lejanía. Miré hacia donde el sol estaba saliendo y entorné los ojos, una silueta empezaba a dibujarse en el horizonte mientras el zumbido aumentaba. Se trataba de una lancha a motor. Venía pilotada por el chico rubio y musculoso que había recibido a Corín en el aeropuerto. Paró la lancha y con un gesto nos indicó que subiéramos. Corín me dijo que se llamaba Gabriel, que era de Estados Unidos y que trabajaba con ella. Antes de que me hubiera dado cuenta huíamos  mar adentro mientras el sol salía. Cuando llevábamos un rato en completo silencio no me pude aguantar más y exclamé.

-¿¡En qué coño exactamente estáis trabajando?! ¡Yo no tengo nada que ver con vuestro jodido trabajo!

Relájate Manu- me intentó tranquilizar Corín- nosotros no podemos explicártelo. Cuando lleguemos a nuestro destino  lo sabrás.

-¿Adonde exactamente estamos yendo?

-Nos dirigimos al Raziel, uno de los barcos más espectaculares del mediterráneo. Allí nos espera nuestro jefe, el responderá a todas tus preguntas.

-¿Vuestro jefe?

-Sí, nuestro jefe Winston Seeker. Un gran hombre, un poco loco, pero un gran hombre al fin y al cabo.

 El sol ya había salido por completo y la suave brisa del mar me acariciaba la cara. De lejos empecé a vislumbrar la silueta de un barco. Por fin iba a obtener respuestas a todos mis interrogantes. Pero lo que yo no sabía, es que las respuestas a esas malditas preguntas iban a meterme en la aventura más espectacular y peligrosa de toda mi condenada vida. Y vaya si me iban a meter.

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2 Comments

  • Responder marzo 21, 2014

    Victor Gránda

    Gracias y magnifica aportacion Jaume. Me ha gustado tanto el hilo argumental como el veloz ritmo al que se va desarroyando la trama.

  • Responder marzo 26, 2014

    Julene

    Gracias por no dejar huérfano mi relato jijijiji y me ha gustado mucho.

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