(R3) La Fundación

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A pesar de que Manu ha decidido que debe de ocultar el hallazgo a las autoridades, “algo” le empuja a saber mas sobre la historia de la misteriosa tablilla, por lo que se la muestra al director de una poderosa y “privada” fundación arqueológica .

Manu cerró su portátil, se levantó de la mesa de la cafetería, atravesó el vestíbulo sorteando a los turistas que se protegían del calor agobiante que reinaba en la ciudad y tras cruzar a la acera, entró en el taxi que le estaba aguardando en la puerta del hotel. A continuación  le entregó al conductor una nota con la dirección a la que tenía que llevarle, rogándole que fuera lo más rápido posible, pero puesto que su árabe no parecía ser lo suficientemente bueno como para que el taxista comprendiera la urgencia del asunto, Jhosep le mostró un billete de veinte euros y señalando al frente, le hizo un rápido gesto con la mano al tiempo que lanzaba un corto silbido.

El taxista, un sudoroso y barbudo árabe con un opulento vientre casi rozaba con el volante,  se quedó mirando el billete fijamente, lo que provocó que por un momento a Manu le asaltara la duda de si le habría entendido, pero esta se disipó en cuanto escuchó el sonido de los neumáticos patinando sobre el ardiente asfalto y el coche salió disparado a toda velocidad, lo cual evidentemente era una clara señal de que o bien el taxista había comprendido a Manu y se disponía a  correr como un demonio o bien, que el taxi tenía las ruedas delanteras gastadas y a la velocidad que iban no tardarían mucho en estrellarse, pero fuera la que fuese, él ya estaba acostumbrado a la “curiosa” y casi “kamikaze” forma de conducir de los taxistas de la ciudad, así que se  recostó en el asiento y abrió el periódico, pensando que  “ojos que no ven, corazón al que no le da un infarto”, al tiempo que en vano, intentaba centrar  su atención en la sección de noticias internacionales, para  ante la imposibilidad de fijar la vista en las pequeñas letras debido a los bruscos virajes y adelantamientos  del coche, pasar directamente a ojear la tira cómica.

Tras un convulso trayecto en el que tuvo que soportar los innumerables improperios lanzados por el conductor hacia todo aquel que tuvo la osadía de cruzarse en su camino, el vehículo finalmente se detuvo ante  la dirección indicada y además lo hizo en un tiempo récord, por lo que  Manu le entregó la prometida recompensa al ahora aun mas sudoroso conductor  quién se lo agradeció en una jerga incomprensible mezcla de ingles, hebreo y árabe y a la que Manu respondió en una mezcla de ingles y Hebreo a partes iguales, diciéndole que a pesar de todo el tiempo que llevaba allí, nunca había visto a nadie conducir de una forma tan suicida como él lo acababa de hacer, lo que hizo reír exageradamente al satisfecho taxista, hasta que la prometedora visión del brazo en alto de un turista hizo que este arrancara y fuera inmediatamente hacia ellos, por lo que se despidió del conductor levantando el pulgar y regalandole un juramento en arameo, lengua que por otra parte, sí dominaba a la perfección y que el taxista no pudo oír…ni afortunadamente comprender.

“Por dios que no creí que bajara vivo de este puñetero taxi. Sé que debería de besar el suelo, pero ahora mismo no tengo tiempo y además…está lleno de mierda“, pensó mientras cruzaba la acera con dos largas zancadas y entraba en el edificio que albergaba la oficina de la Fundación Arqueológica Tromont, una de las fundaciones privadas más importantes del mundo. Había decidido que aquella tablilla que casi a hurtadillas había arrancado de su milenario reposo, era un peligro para la buena marcha del proyecto y él no permitiría que nada se interpusiera en su camino hacia un triunfal retorno a las oficinas de Bruselas, pero… había algo en ella que…no sabia por qué, pero necesitaba enseñársela a alguien que entendiera del tema y en la fundación  conocía a alguien que seguramente le podría decir algo sobre sus orígenes y esperaba que también lo hiciera sobre los extraños caracteres que figuraban grabados sobre ella.

Mientras que subía en el ascensor, intentó en vano arreglarse un poco la arrugada chaqueta y el nudo de la corbata, pero desistió de esto ultimo en cuanto se dio cuenta de que con las prisas no se había acordado de ponérsela.

“Bueno de todas formas no hacia juego con los zapatos”, pensó bajando la vista y sorprendiéndose al ver que el lugar en el que suponía debían de estar sus elegantes zapatos italianos, había sido ocupado por sus viejas, ajadas y polvorientas botas de cuero marrón.

—    Bueno, lo que yo decía. No pegaba con…con  las botas”, murmuró con resignación mientras abría la puerta del ascensor.

Nada más salir de él, se dio cuenta de dos cosas; La primera de ellas es que el aire acondicionado estaba demasiado frió y la segunda…que su indumentaria desentonaba terriblemente con el elegante mobiliario de la larga galería en la que se encontraba y que finalizaba en una sala de espera decorada de una forma demasiado ostentosa para su gusto, pero bueno como siempre le había dicho su padre  “cuando se encuentra el dinero, se pierde el buen gusto”, algo que quizás explicaría su excelente buen gusto y la pésima situación de su paupérrima economía.

Tras caminar sobre la que debía de ser una de las alfombras persas más largas y tupidas que había visto en toda su vida, llegó hasta una mesa tras la que se encontraba una bella recepcionista de exóticos rasgos , piel tostada y larga melena negra. La joven alzó la vista del monitor del ordenador y le dedicó una entrenada sonrisa mientras le miraba más con pena que curiosidad, para a continuación decirle con una exquisita educación :

—    La selección de conductores es en la primera planta – y sin esperar tan siquiera a que el desaliñado visitante la respondiera, dirigió de nuevo su mirada hacia el monitor ignorandole completamente.

Manu, tuvo  entonces la sensación de que el aire acondicionado estaba aún más frió en esa zona del edificio, o tal vez lo único frió que había por allí no fuese solamente el aire, pero lo cierto era que, cual mimo actuando de estatua humana, se encontraba paralizado delante de una recepcionista que no había tardado ni un segundo en olvidarse de él. Realmente no se esperaba una entrada tan…”triunfal” y se sentía herido en su orgullo, aparte de haberse quedado estúpidamente estático y sin saber cómo continuar.

—   …esto…no…vera señorita, yo…realmente….-, balbuceó.

La joven elevó nuevamente la vista  hacia él y le dirigió una mirada de desaprobación mientras que pensaba: “Vaya, cada minuto nace un tonto y hoy  uno de ellos me ha tocado a mi”.

—    Señor. Ya-le-he-di-cho-que-es-en-la-pri-me-ra-plan-ta -, le repitió lentamente  mientras le miraba de forma inquisitiva, intentando averiguar si aquel hombre que tenía delante, no reaccionaba porque no entendía su idioma o porque quizás estuviera indispuesto, pero viendo su sorprendida expresión lo más fácil es que el pobre hombre simplemente fuera idiota.

Por fin, reaccionó y saliendo de su estado cuasi-catatónico dijo :

—    No señorita me temo que usted se equivoca. ¡Soy el ingeniero Manuel Lavín y tengo una cita con el Doctor Barhand! -, explicó con tono de cierta  arrogancia. Creía que había quedado como un estúpido sin haber echo nada para merecerlo, así que para arreglarlo, decidió que la mejor forma de hacerlo seria hacer gala de su título académico. A fin de cuentas…últimamente no tenía demasiadas ocasiones para  hacerlo.

La joven se incorporó como si un resorte la hubiera lanzado de la silla mientras que sus mejillas  comenzaban a sonrojarse.

—    Lo siento mucho señor Lavín. Yo…pensé que…-, respondió juntando las manos en gesto de disculpa  y continuando, -…lo lamento doctor. Ha sido una confusión imperdonable -, dijo con  tono  arrepentido. – Por favor, disculpe mi torpeza y permítame que le acompañe al despacho del Doctor Barhand – y con un suave movimiento de su pequeña mano, le indicó que la siguiera, lo cual a Jhosep le pareció una idea excelente puesto que era la excusa perfecta para disfrutar del delicioso contoneo de las sinuosas caderas de la chica mientras caminaba nerviosamente delante suyo.

Con cierta lastima, Manu se despidió mentalmente de la agradable vista y se adentró en el despacho del Doctor Barhand, quién además de ser el jefe del departamento de excavaciones de la Fundación, había sido durante varios años el director del museo arqueológico de París y era sin lugar a dudas una de las mayores eminencias mundiales sobre arqueología Sumeria y Egipcia.

Por supuesto, Barhand gozaba de una gran reputación debida en gran parte a sus impresionantes hallazgos en el templo de Baalbek, pero es que además aquel hombre era posiblemente, la máxima autoridad en traducción de escrituras cuneiformes, “vamos que en definitiva es todo lo contrario a mi”, pensó  mientras se adentraba en el gran despacho.

Al verle entrar, el anciano arqueólogo se levantó del sillón y salio de detrás de la mesa para estrechar la mano de su visitante.

—    Señor Lavín es un placer saludarle. Creo que no nos hemos vuelto a ver desde que dirigió usted la sustitución del sistema de climatización en el museo arqueológico de París -, le saludó extendiéndole la mano.

—    Así es Doctor  Barhand. Veo que sigue usted teniendo una memoria privilegiada -, le contestó respondiendo al saludo con excesiva energía.

—    Por supuesto Lavín…por supuesto, de echo yo diría que a mi edad es una de las pocas cosas que aún funcionan correctamente, pero ahora querido amigo dígame que es lo que le ha traído hasta este caluroso lugar del mundo y por supuesto…cual es el motivo de su visita. Cuando su jefe, me telefoneó esta mañana me dejó muy intrigado y en cierta forma…preocupado -.

—    ¿Preocupado?. Por dios Doctor Barhand, en absoluto es es nuestra intención. Sencillamente es que ya sabe usted que las autoridades Israelís suelen ser muy rigurosas con el tema de los hallazgos arqueológicos y…-.

—    …y ustedes han encontrado algo que podría interferir en los trabajos que están llevando a cabo y quiere mantenerlo en secreto…¿me equivocó? -, le interrumpió Barhand.

Manu sintió un pinchazo en el estomago. El viejo zorro había ido directamente a golpear donde más le dolía.

—    Esto…vera…realmen…-, balbuceó Manu.

—    …tranquilo hombre, tranquilo. Su ingeniero jefe, es un buen amigo mio y él me a pedido que llevemos este asunto con la máxima discreción, así que no se preocupe que no es la primera vez que su empresa me pide un favor de este tipo -, dijo mientras centraba su mirada en la bolsa que Manu portaba entre sus manos.

—    Bufff…que susto; Ya estaba empezando a pensar que de aquí me iría directamente a la comisaria central -, dijo Manu lanzando un suspiro de alivio, mientras extraía la tablilla y la posaba sobre la mesa de caoba, al tiempo que Barhand se inclinaba sobre ella y la observaba.

—   Veamos que es lo que tenemos aquí…-, dijo mientras se acercaba a la ventana del despacho y los rayos del sol incidían sobre la tablilla ,-…se trata de una tablilla de arcilla con caracteres en sumerio antiguo grabados por toda su superficie, la cual se encuentra en un estado magnifico  y…si no me equivoco creo que…sí… yo diría que hace referencia al reinado de Ku-Bau  -.

—   ¿Cómo?…¿Ku-Bau?. Perdone doctor pero…¿y quien era Ku-Bau? -, preguntó confuso.

—   ¿Qué quien era Ku-Bau señor Lavín?. Pues vera usted; Ku-Bau fue una reina sumeria de la tercera dinastía que gobernó la ciudad de Kish y…-.

—   ¿Sumeria…pero?. Doctor estamos en Israel…-.

—   …ya, ya…pero hay multitud de referencias que indican que en los albores del segundo milenio antes de Jesucristo, algunos sumerios temiendo que su cultura y sus tradiciones desaparecieran tras haber sido absorbidos por los acadios, emigraron hacia Canaán convirtiéndose en el germen del pueblo Hebreo y es muy posible que también se hubieran llevado con ellos los restos de algunos de sus antiguos regentes y desde luego que Ku-Bau lo era y mucho -.

—   Ya…y…disculpe mi ignorancia al respecto, pero…¿por qué era tan importante? -.

—   Pues porque Ku-Bau, entre otras cosas fue una tabernera que por méritos propios llegó a convertirse en la primera reina de la que se tiene conocimiento en oriente. La primera mujer que reinó sin llegar al cargo a través de un matrimonio y durante su reinado, la ciudad de Kish, progresó y se afianzó tanto política como económicamente, alcanzando una enorme importancia en toda Mesopotamia. Digamos que es sin lugar a dudas, una de las figuras femeninas mas importantes de la historia de la humanidad -.

—   Ya y entonces…¿diría usted que se trata de un hallazgo digamos…importante? -.

Barhand se sentó sobre el sillón de piel mientras continuaba admirando la tablilla y le respondía :

—    Señor Lavín, creo que se trata de un  hallazgo increíble y no me cabe la menor duda, de que si las autoridades se enteran de él, detendrán los trabajos durante una larga temporada, así que llame usted a sus jefes en europa y dígales que se pongan en contacto conmigo de forma urgente y dígales también…que este favor, les va  a salir mucho mas caro que en anteriores ocasiones -.

—   A que se refiere con eso exactamente señor -, preguntó Manu al que todo aquello le comenzaba a sonar a  chantaje.

—   Me refiero a que no serán las autoridades quienes lleven a cabo la excavación, si no que seremos nosotros quienes lo hagan, por supuesto lo haremos de forma extremadamente discreta y evidentemente…sera su empresa quien la financie. ¿Me va entendiendo Lavín? -.

Manu tenia la mirada perdida, dirigida hacia las palmeras del parque que se veía al otro lado del ventanal, pero él no las veía, sus pensamientos estaban centrados en una sola cosa, en como les iba a explicar todo a sus jefes.

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1 Comment

  • Responder marzo 19, 2014

    Victor Gránda

    ¡Hola a todos!. Una vez presentado mi relato, tan solo espero que os resulte entretenido y que paseis unos minutos de agradable lectura.
    Un saludo y mi gratitud a todos los que haceis posible el sueño de aquellos a los que nos gusta escribir…que al leerte, alguien te acompañe en el viaje de tu imaginacion.

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