(R2) Una llamada inesperada

JAmesSaw

Una llamada inesperada, a altas horas de la madrugada, obligará a nuestro protagonista a huir de su hotel y recorrer la fastuosa ciudad de Tel Aviv en una carrera para encontrar respuestas a las preguntas que se le presentan.

El sonido de mi teléfono móvil me despertó a las cinco de la mañana. A oscuras y maldiciendo a la persona anónima que tenía en descaro de levantarme a esas horas de la madrugada, alargué mi mano hacia el teléfono y lo atraje hacia mí. Era un número que no conocía, estuve unos segundos decidiendo si debía cogerlo o no hasta que recordé esos números, era Corín. Lo descolgué enseguida y puse el manos libres.

- Manuel debes salir enseguida del hotel, tu vida corre peligro, nos encontraremos en dos horas en el Mirador de Jaffa.

- Pero… por qué? No entiendo nada

- No te lo puedo explicar  ahora Manu pero por favor haz lo que te digo, y por favor, no confíes en nadie. Tu vida depende de ello. Nos vemos en dos horas. Adiós.- y colgó el teléfono.

Me costó unos segundos asimilar la información de esa llamada, no sabía si creérmelo o no. Acababa de conocer a Corín hacía solo unas horas y no parecía el tipo de persona que le gustaba gastar bromas de ese tipo. Y aunque que fuera mentira tenía poco sentido, que fuera verdad despertaba aún más interrogantes. ¿Quién era en realidad Corín?¿Por qué mi vida corría peligro?¿Podía confiar en ella?

El sueño se me había pasado de golpe, no las tenía todas conmigo pero lo había decidido. Iría adonde Corín me había dicho. No me había parecido una broma y si tenía que confiar el alguien confiaría en Corín.

Rápidamente me vestí y encendí el ipad, entré el google maps y busqué el mirador de Jaffa, estaba a una hora en coche busqué el número de alguna empresa de taxis en Tel Aviv, tras esto, volví a coger el móvil y llame a la empresa de taxis, que me dijo que en diez minutos tendría un taxi delante de la puerta de mi hotel. Colgué y cogí mi cartera. Miré cuánto dinero llevaba encima, tenía suficiente dinero como para poder pagar a un taxi. Rápidamente metí el ipad y mis pastillas en mi mochila y salí de mi habitación.

Las luces automáticas del pasillo se encendieron mostrándome un largo pasillo vacío. Justo cuando cerré la puerta oí el sonido del teléfono de mi habitación. Mi mente empezó a imaginar teorías, a cada cual mas fantástica a porqué me llamaban a esas horas de recepción No estoy orgulloso de decirlo pero estaba muerto de miedo, fui todo lo rápido que pude hacia las escaleras y las bajé de dos en dos. Bajé hasta la planta principal y me asomé discretamente al pasillo que comunicaba con el hall.

Allí había dos tipos de etnia árabe, grandes como armarios, que llevaban unos trajes que los hacían parecer a los hombres de negro, parecían mafiosos. Estaban hablando con la recepcionista que parecía un poco asustada. Mi mente iba a toda velocidad, intentando buscar respuestas a todas las preguntas que súbitamente se me habían presentado en mi vida.

Aquellos dos hombres estaban demasiado ocupados con la recepcionista que no vieron como me deslizaba silenciosamente hasta el cuarto de las escobas, que gracias al cielo, se había quedado entreabierto. Entré allí y me asomé discretamente a la puerta intentando captar algunos retazos de la conversación entre aquellos sujetos y la recepcionista, por lo que pude entender aquellos señores querían saber si me encontraba en el hotel en esos momentos y mi número de habitación a lo que la recepcionista se negaba. Uno de ellos le hizo una seña al otro y este miró por encima del hombro, estaba buscando cámaras de seguridad. Estuvo unos segundos mirando y luego le hizo una seña negativa al otro que se sacó un revólver del bolsillo de la americana. Mi corazón empezó a latir rápidamente y un sudor frio me recorrió la espalda. Aquellos hombres habían venido a matarme y no parecía que ningún obstáculo se lo fuera a impedir.

La recepcionista lanzó un grito ahogado pero el tipo de la pistola apretó la pistola contra su sien y le dijo que si intentaba algo raro la mataría. Me fijé en la expresión de su cara, estaba disfrutando. La recepcionista, asustada empezó a buscar por los cajones hasta que sacó una tarjeta. Aquel tipo la cogió y le dio un puñetazo en la cabeza a la recepcionista que cayó al suelo inconsciente. Tras esto el hombre se guardó el revólver, se ajustó la americana y mientras iba hacia las escaleras le hizo una seña al otro tipo que le siguió.

Parecía que lo que me había dicho Corín era cierto. No podía creer que eso me estuviera pasando a mí. Ya tenía suficientes problemas en mi vida como para que ahora intentaran matarme. Respiré hondo y me obligué a mi mismo a pensar. Necesitaba huir del hotel tan rápido como pudiera y llegar al mirador para reunirme con Corín, esperaba obtener de ella respuestas a las numerosas preguntas que se agolpaban en mi mente. Era ahora o nunca, aquellos dos tipejos habían subido a mi habitación y no tardarían en darse cuenta de que yo no estaba allí. Salí corriendo del hotel y giré la cabeza a ambos lados rogando que el taxi hubiera llegado. Efectivamente a unos metros de mí estaba un coche con el cartelito verde encendido. Corrí hacia él y tras subirme le dije al conductor que nos fuéramos rápido de ahí que tenía prisa. El hombre arrancó el motor y el coche empezó a moverse, cuando ya llevábamos unos metros recorridos, escuché unos disparos. Giré la cabeza y vi a el hombre de la americana asomarse por la ventana de mi habitación revolver en mano. El taxista aceleró súbitamente y giró. Estábamos a salvo de aquellos hombres.

El taxista estaba tan asustado que no me había preguntado donde quería ir. Consideré mis opciones, si iba directamente al mirador corría el riesgo de que aquellos tipos me siguieran, pero si me perdía por Tel Aviv, quizá no llegara a tiempo a mi encuentro con Corín. Decidí ir a la estación de autobuses y allí ya me las apañaría para llegar al mirador. Se lo dije al taxista y le dije que si conseguía llegar en menos de 20 minutos le daría una generosa propina.

El viaje en taxi duró poco, las calles estaban vacías y el taxista corría como alma que lleva el diablo. Al llegar le pagué al taxista la carrera, una generosa propina y le di las gracias encarecidamente. Me hizo una mala cara me dijo algo claramente ofensivo en hebreo y se largó.

Me metí enseguida en aquel gigantesco edificio. Había leído en algunas guías de viaje que Tel Aviv tenía la mayor estación de autobuses del mundo pero aquel edificio superaba todas mis expectativas. Era obscenamente grande. Entré y busqué un mapa para saber dónde estaba el punto de información. No quedaba muy lejos así que en unos minutos me planté allí. Me atendió una chica muy simpática que amablemente me atendió. Me dijo que salía un bus hacia la zona donde estaba el mirador en 40 minutos y me indicó el precio y la duración del viaje. Como quedaba mucho tiempo me recomendó visitar el gigantesco centro comercial de la estación de autobuses. Le di las gracias y me fui directamente a la taquilla a comprar el billete. Una vez lo tuve en mi poder decidí pasearme por el centro comercial. Mi mente estaba alerta, temía que si me quedaba parado en el mismo sitio aquellos dos hombres me encontraría y me matarían. Estuve caminando sin rumbo fijo mientras intentaba ordenar mis pensamientos, pero no lograba concentrarme, la adrenalina fluía por mi cuerpo y mi mente estaba en alerta permanente.

Cuando faltaban 10 minutos fui directamente a donde la chica de información me había dicho. No me costó mucho encontrar mi bus y subirme a él. Una vez sentado en mi asiento todo el cansancio que llevaba acumulado, por el jet-lag y mis experiencias esa noche, se presentó ante mí y caí dormido en un sueño profundo.

Un frenazo brusco del autobús me despertó. Saqué el móvil de mi mochila y miré la hora, quedaban 30 minutos para encontrarme con Corín. Llegaría a mi destino en 20 minutos. El sol empezaba a salir, los pequeños comercios empezaban a abrir sus puertas y la gran ciudad empezaba a moverse, nunca me había parado a pensarlo pero las grandes ciudades son como un gran organismo vivo, se mueven, crecen y se alimentan de los sueños y realidades de las cientos de miles de personas que lo forman, y pensar que cada una de esas personas, en su grandiosa insignificancia, es en ella misma, un universo propio y autónomo me hacía sentir un vértigo tremendo. Me puse a pensar en Begoña, en mi trabajo y en Corín. ¿Estaría yo ahora mismo montado en este autobús si no me hubiera pasado todo lo que me pasó? ni yo ni nadie podía contestar a esa pregunta.

Con esos pensamientos rondando mi cabeza llegué a mi destino. Quedaban diez minutos para la hora acordada, el sol se levantaba por el horizonte, iluminando las aguas cristalinas del mar mediterráneo. Caminé hasta la punta del mirador y me senté a contemplar la grandiosa vista que tenia ante mí. Me quedé absorto unos minutos hasta  que una suave voz me sacó de mi ensimismamiento, giré la cabeza y allí estaba ella. Corín. Lucía bellísima, los rayos del sol no hacían mas que resaltar su tez morena que contrastaba con la luz que transmitía su sonrisa. Si alguien tenía que meterme en problemas, claramente prefería que ese alguien fuera Corín.

- Manu, tenemos que irnos de aquí rápido, creo que me han estado siguiendo

- Su tono de voz serio me sacó de ensimismamiento. Empecé a disparar las preguntas que me habían estado atormentando toda la noche

- Pero qué está pasando aquí? Porqué me quieren ver muerto? Que tienes tú que ver en todo esto?

- Lo siento Manu, ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. Responderé a todas tus preguntas, pero vayámonos de aquí. Debemos mantenernos siempre en movimiento o nos atraparán.

Me tendió la mano y me ayudó a levantarme. El sol ya había salido por completo. En ese momento no lo sabía pero las respuestas a las preguntas que yo le había formulado, no iban a tardar en presentarse ante mí. Y creedme cuando os digo que esas condenadas respuestas no iban sino a meterme en uno de los mayores y más arriesgados problemas de mi vida.

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