(R1) La chica de los labios carmín

carmin

Este capítulo indaga un poco más en la vida de Manu, en la razón de su dolor y si situación actual. También sabremos como conoce y quien es la misteriosa chica del ascensor, que parece la única capaz de hacerle olvidar sus penas

 Sin darme cuenta tenia una sonrisa en la cara. Recordar esos primeros momentos con Josu me liberaron un poco de las cadenas que tenia en ese momento mi alma. Volví a la realidad y la sonrisa se fue como si nunca hubiese venido, devolviéndome ese aura de tristeza y resignación que llevaba conmigo ya un tiempo. Llegue al hotel después de un silencioso viaje en taxi. Me acerque a la recepción. Allí, una chica joven y guapa miraba con un aire divertido a su compañero, también joven.  Se lanzaban miradas fugaces y cómplices, y pequeñas sonrisas furtivas. Un halo de ira  me recorrió de arriba a abajo, sin saber muy bien por qué. Sentía mucha envidia de aquellos dos desconocidos que reían ajenos a los problemas del mundo,. El resentimiento volvía a florecer. Intenté apartar esos pensamientos de mi mente. ¿Qué culpa tenían aquellos dos extraños de mis problemas? Me acerque a la joven y con la voz más amable que pude poner le dije:

-Me llamo Manu Valverde, tiene que haber una reserva a mi nombre para esta noche.

La chica, sonriente y muy dispuesta, asintió y comenzó a mirar los registros del ordenador.

-Si efectivamente hay una reserva a su nombre. La habitación es la 157. Aquí tiene la llave. Si necesita cualquier cosa solo tiene que bajar.

Agarré la llave de mala gana y me dirigí al ascensor bajo la preocupada mirada de la joven recepcionista, que sin duda había notado que algo no me iba bien.

Llegué a la habitación, no muy grande de tamaño pero con ventanales y terraza con vistas a la ciudad. No era una suite pero parecía cómoda y eso me bastaba. Dejé la maleta metida en el armario y me tumbe en la cama cerrando los ojos. Había sido un día cansado. El viaje muy  largo, viajar en avión me agotaba. Además el día siguiente debía madrugar e ir a aquel encuentro para el que le habían enviado allí. Al pensar en el avión, me vino a la mente la conversación con aquella risueña chica de tez morena y me recordé que al día siguiente debería mirar el correo por si había enviado algo. Aunque después del beso que se dio con aquel hombre rubio, no tenía esperanzas de que me volviese a preguntar nada.

Decidí que lo mejor sería irse a dormir, pero al cabo de tres cuartos de hora seguía tumbado en la cama con los ojos abiertos, ya que cada vez que los cerraba, mi mente se inundaba de imágenes que llegaban como un torrente de agua y arrasaban cualquier pequeño atisbo de alegría que hubiese en mi ser. No era la primera vez que me ocurría, de hecho lo raro era que no me pasara. Desde que me tomaba aquellas pastillas algo había mejorado, pero realmente había días que no quería dormir, y no dormía, porque el simple hecho de cerrar los ojos y volver a revivir lo ocurrido me producía terror. Eso sin contar con las noches de pesadillas y de despertarme bañado en sudor. Por eso últimamente trabajaba tanto. Para mantener mi mente ocupada en otras cosas. Durante el día procuraba agotarme para llegar tan rendido a la cama que no me diera tiempo ni a pensar.

Estaba claro que aquella noche mi mente estaba juguetona y no parecía querer que me durmiese, por lo que me lave la cara con agua fría, me vestí con  una camisa y unos vaqueros y baje al bar del hotel. Cuando se abrieron las puertas del ascensor en el se encontraba completamente inmersa en sus pensamientos una mujer aparentemente de unos 35 años. Entré en el ascensor y ella no pareció inmutarse. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a bajar. Al principio miraba al frente, pero pronto me encontré mirando cada fibra de su ser. Tenia una media melena castaña que dulcificaba un poco la expresión de su cara. Ojos grandes y llenos de experiencias que parecían haber perdido el brillo que antaño debieron tener. Llevaba los labios pintados de un rojo fuerte, un color carmín que me hipnotizó. Vestía con un precioso vestido rojo, a juego con sus labios que hacia destacar mas aun la palidez de su  piel. De pronto se abrieron las puertas del ascensor. Los dos estábamos completamente absortos y el pequeño parón del ascensor nos sacó de nuestros respectivos pensamientos. Los dos nos quedamos plantados ahí, con la puerta abierta y cuando empezaba a cerrarse ella reaccionó y pulsó el botón pertinente, lo que hizo que las puertas se volvieran a abrir. Después de esto, con su cuerpo aun plantado en el mismo sitio, me miró con intriga y dijo con una voz con un tono burlón:

-Deberíamos salir, ¿no cree?

Yo, sorprendido de que se dirigiese a mi, dije un tanto anonadado:

-Eh, si claro eso creo

Acto seguido ella soltó una melodiosa  aunque discreta carcajada y salio del ascensor con elegancia dirigiéndome una ultima sonrisa.

Yo seguí sin poder moverme, ni siquiera para seguirla e indagar a donde se dirigiría. Se me había olvidado que hacía ahí y para que había salido de mi habitación. Solo podía pensar en sus labios y en su risa, y en ese perfume que aun estaba en el aire. Mezcla de un divertido limón con una dulce magnolia. Era un olor diferente, extravagante pero a la vez muy refinado. A mi parecer describía a la perfección a aquella misteriosa chica. Todo lo que pude hacer en ese momento fue dejar que las puertas del ascensor se cerrasen y subir otra vez a mi habitación, pero esta vez con un  ánimo muy distinto.

Entré y aun me notaba en una nube. Hacia mucho que no me pasaba algo así. Antiguos pensamientos y sentimientos me inundaron en forma de recuerdos. Mi primera novia. Aquella chica que conocí en Paris. La primera vez que vi a Iratxe. Recuerdos que tenia enterrados en mi memoria y guardaba con incontable cariño. Poco a poco, mientras el perfume de mi musa, que había sido como una isla de salvación en un mar de lagrimas, iba desapareciendo, la realidad me golpeaba, más y más fuerte, hasta que no quedó ni un atisbo de aquel olor, lo cual hizo que me hundiera sin nada a lo que agarrarme.

Desganado me metí en la ducha para despejarme un poco. Abrí el grifo y deje que el agua fría arrastrara todo lo malo que me ocurría por dentro, y por primera vez en mucho tiempo, deje libertad total a mis pensamientos.

Primero vi imágenes a gran velocidad, que no tenían conexión unas con otras. Después, los recuerdos fueron apareciendo mas nítidos y empecé a revivir todo lo que me había pasado desde el mismo momento en el que me dijeron que David estaba enfermo. Primero el día que hablamos con el doctor. Iratxe se pasó toda la noche llorando. Después la desesperación de la espera. No podíamos hacer nada, nadie podía hacer nada, solo podíamos sentarnos a esperar en esa maldita habitación del hospital, viendo como la vida se le escapaba entre los dedos y llorando a escondidas día tras día. Quiza suene mal decirlo, pero la muerte no fue lo más duro, de hecho, tanto como su madre como yo, entramos en una especie de limbo del que no salíamos, pero en el que estábamos tranquilos. No comíamos, no dormíamos, ni siquiera nos hablábamos, pero la realidad era que no había nada que decirse. Poco a poco fui recuperando el apetito, salia a dar largos paseos, dibujaba, escribía, pero nunca volví a ser el de siempre. Iratxe por su parte nunca llegó a  salir de ese estado. Poco a poco nos fuimos distanciando. Cada vez que nos mirábamos a los ojos, veíamos todos los momentos pasados con David y eso dolía. Mucho.  Yo estuve con ella en todo momento pero llegó un día en el que me di cuenta que ya no la quería y simplemente todo el amor que compartíamos se había ido con nuestro hijo asi que me marché. Ella se mudó con su hermana al campo y yo vendí nuestra antigua casa y me centré en el trabajo. El hecho de separarnos al principio fue duro, pero aun sigo pensando que fue lo mejor.

Habían pasado ya 5 años de aquello y yo seguía en esa espiral de dolor constante. Cada rayo de sol, cada ráfaga de viento, cada tormenta, hacían que recordase esa sonrisa infantil, esos grandes ojos curiosos,  y esa vocecilla inocente cuando decía “papá”. Cuando dicen que la muerte de un hijo es algo que nunca se supera, tienen razón.

 Cerré el grifo de golpe. Me sentía empapado e indefenso. Las lagrimas corrían por mis mejillas, mezclándose con el agua de la ducha que aun quedaba en mi cara. Me sequé, me puse el pijama y salí al balcón dejando que el viento me diese en la cara. Por primera vez en 5 años me di cuenta que necesitaba agarrarme a algo para salir de aquel pozo en el que estaba metido y también me di cuenta de que sin quererlo, la chica misteriosa había lanzado una cuerda para que me agarrase. Y no pensaba dejar esa oportunidad escapar.

Los días que precedieron a ese fueron muy confusos, yo iba y venía de las conferencias, y todas las noches sin falta me subía al ascensor, esperando el regreso de esta mujer. Día tras día, noche tras noche, yo buscaba desesperadamente un vestido rojo y unos labios carmín. Poco a poco se iba acercando el final de mi viaje y seguía sin haber rastro de la chica. Todo el optimismo y la esperanza que tenía , se esfumaron como si de humo se tratasen. La última noche en el hotel soñé con volverla a ver, en aquel ascensor con ese vestido y la misma sonrisa. Llegó la mañana y sin yo saberlo, mi alma estaba partida en pequeños pedazos. Recogí la maleta y abandone la habitación con pesar. Monté en el ascensor una última vez. Pasé por recepción, devolví la llave y salí del hotel sin mirar atrás. Hacía un día desapacible, estaba nublado y un viento frío recorría la ciudad. Mi avión salia a las cinco de la tarde y no tenia que facturar por lo que decidí tomármelo con calma y antes de ir hacia el aeropuerto, di un paseo por la cuidad, disfrutando un poco de cada rincón, impregnándome de la esencia de la ciudad. Cerré los ojos y me dejé zarandear por el viento. Cuando los abrí, vi una sombra roja que paseaba por la calle de enfrente. Me metí en el taxi sin saber muy bien si esa sombra era ella o era un mero producto de mi imaginación.

5 Comments

  • Responder febrero 24, 2014

    Cristina

    Me ha gustado el capitulo, pero me temo que está en el relato equivocado… al principio he pensado que era una mezcla de ideas, pero al terminarlo no me cabe duda, este capitulo es del relato 1 y no del 2. Un saludo!

  • Responder febrero 24, 2014

    Julene

    Sí, yo también creo que iría con el primer relato ya que en el segundo Manu ya había llegado a su hotel. De todas maneras me parece un buen relato ;)

  • Responder febrero 24, 2014

    Glosobook

    Ambas tenéis razón, pero la autora ha insistido en que lo publiquemos en el relato 2. Se lo vamos a comentar, xq efectivamente, tiene sentido en el 1. Gracias!!

  • Responder febrero 25, 2014

    ROCIO

    Muy buen relato.Tiene algunos fallos de ortografía (tildes sobre todo). La historia en si esta bien auqnue en mi opinión es demasiado pesimista pero por lo demás me gusta bastante :)

  • Responder marzo 3, 2014

    isa

    Cristina yJulene ,creo que teneis razón , no bstante, me ha gustado

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