(R2) Corín

Corín

Corín regresa con Peter a la base de la ONG atravesando los complicados y desafiantes puestos fronterizos que separan Israel y Siria. Su secreto pasado tiene más fuerza que la realidad de su presente, donde casi nada es lo que parece.

 Miro algo aturdida a su alrededor, e instintivamente se llevo la mano al bolsillo de la chaqueta. Saco una vez más su documentación y la abrió de nuevo.  Aun con los ojos entrecerrados, se detuvo durante unos instantes en el semblante serio de su cara en el pasaporte.

Resulta difícil identificar algo especial en una de esas fotos de poco más de dos por dos, en las que todo el mundo parece culpable de haber cometido un delito. En las que no se aprecia nada más que un rostro apenas expresivo. Tal vez algún ligero detalle. Los ojos claros, la mirada intensa, resaltada por un discreto maquillaje.

-       ¡Corín!.  Una voz le llegaba lejana.

Sí, claro, ella era Corín. Su vida había cambiado dando un giro de 180 grados. Su fortaleza, sus prioridades, sus amigos, incluso su nombre. Todo era distinto ahora. Muy distinto. Ya no vivía cómodamente en su casa de tres dormitorios con piscina y aún de vez en cuando, le faltaba agilidad para volverse cuando, sin esperarlo, alguien la llamaba por un nombre que le iba resultando cada vez más familiar.

-       ¡Corín,  Corín! -  Apremiaba la misma voz lejana.

Hizo un sobre-esfuerzo para salir de su estado de semiinconsciencia y sin pronunciar palabra, depositó sus documentos en una mano que los reclamaba con insistencia. No miró al frente, mantuvo su mirada fija en aquellos dedos desconocidos que atrapaban su identidad. Sintió de nuevo ese mismo temor, como si al desprenderse de esos papeles su vida pudiera quebrarse. De un soplido. Con un solo gesto. De nuevo al borde del abismo, la inseguridad, la pérdida, el vacío. Durante unos instantes sintió casi dolor, o algo parecido.

Se termino de espabilar y vio con más nitidez su presente: Peter sentado al volante. Otro tipo, de aspecto rudo y no demasiado amigable, manoseaba su pasaporte con un brazo apoyado en el lateral del coche. Tres más aguardaban a un par de metros. Las armas preparadas en una muda advertencia.

El más alejado de ellos era poco más que un chaval. Se detuvo en observarle unos segundos más de lo que marcaba la prudencia y le pareció advertir una explosiva mezcla de miedo y odio en su mirada. Un gesto así podía ser interpretado como una provocación. Bajó de nuevo la vista y se concentró tozuda en la manilla de la puerta.

Siempre llevaban consigo los papeles que les identificaban como cooperantes. Con ello tenían cierta facilidad para desplazarse y atravesar los puestos fronterizos. Sin embargo, cada parada que debían hacer para atravesarlos generaba una descarga de adrenalina, precedida por un breve lapso de tiempo de tensión contenida. No conseguía acostumbrarse. La explosión de una base militar en una de las ciudades cercanas, que al parecer había ocurrido el día anterior, había intensificado los ánimos, ya de por si caldeados, en la frontera. El conflicto armado se recrudecía en las últimas semanas.

Mientras recogía los papeles de la misma mano en la que los había depositado unos minutos antes, y los guardaba con cuidado, Peter arrancó de nuevo el motor.

-       Has dormido buena parte del camino. En poco más de una hora habremos llegado

-       Lo siento Peter. Los últimos días han sido agotadores, y además, el ajetreo del aeropuerto, los controles, maletas… En fin, ya sabes lo pesado que resulta todo eso – respondió en tono de disculpa

-       No te preocupes. ¡Estaremos en el hotel en menos que canta un gallo!. Así es como se dice ¿Right? Apostilló con su marcado acento británico

El había sido el último en incorporarse para colaborar en el proyecto de construcción de un pozo cuatro meses atrás.  Era ingeniero y sus conocimientos hacían muy valiosa su ayuda.

Corín y Peter compartían algunas inquietudes, el trabajo, y desde hacía poco, también compartían cama en un discreto y sobrio alojamiento al que llamaban “hotel”. Una sutil referencia a lo efímero y temporal de su situación. Una vez concluido el proyecto, o tal vez mañana mismo, cada uno se iría por diferente camino. La certidumbre de un final incierto hacia que su relación resultase sencilla. Compartir el momento. Sin dar cuentas del pasado, sin planear el futuro.

La extracción y canalización de agua potable para las aldeas y pueblos de la zona había resultado un éxito. Con ello habían demostrado que los fondos asignados estaban empezando a dar sus frutos. Corín les había anunciado a través de un breve email que tenían la prorroga y nuevas ayudas para la construcción del sistema de riego. Facilitarían el autoabastecimiento de alimentos en buena parte de la región.

Avanzaban de nuevo por la destartalada carretera y resumió a Peter los logros obtenidos en la última reunión, que incluían, además de los fondos necesarios para el desarrollo y puesta en marcha del proyecto, una extensión de las asignaciones para alojamiento y manutención del equipo. También la oportunidad de volver a presentar los resultados y avance del nuevo proyecto. En un plazo de tres o cuatro meses debía volver a viajar a Bruselas.

-          Es genial, Corín. El resto del equipo se alegrará de conocer las buenas noticias. Casi tanto como yo.  Sabíamos que lo conseguirías.

Asintió con la cabeza mientras miraba por la ventanilla. Peter desconocía el verdadero motivo de su último viaje.  Había tratado de demostrar el entusiasmo lógico de quien alcanza su objetivo, y lo había conseguido. Ahora no quería seguir fingiendo. Sintió de nuevo como el cansancio se apoderaba de ella y se volvió a sumergir en un sueño, esta vez ligero.

Como una mancha borrosa y oscura, Marcial se acercó deprisa hacia ella. Aún tenía la misma expresión de miedo y sorpresa que cuando llegaron a buscarle hacía algo más de un año. Todo se había preparado al detalle. Ella se aseguró de que Marcial estuviese en casa. Los últimos documentos que había sustraído de su ordenador estaban en poder de la policía. Ella había cumplido su parte. El resto era cosa de otros.

La operación se había planeado para realizar las detenciones con una sincronización casi perfecta. No tendrían tiempo de destruir o esconder nada. Encontrarían datos adicionales que debían estar en poder de los otros miembros la cúpula directiva de la empresa, necesarios para desmantelar por completo la organización.

-       No podrán huir. Pharmatod se hundirá – Le aseguró el comisario pocos días antes -

Serían juzgados. Se les acusaría de colaboración con organizaciones radicales, venta de componentes adulterados, distribución de principios químicos para la fabricación de armas letales.  Se les condenaría por provocar la muerte de cientos de personas, tal vez miles.

Muertes… Miles… Personas… … Marcial.

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