(R2) Casino Niza

niza

Aquella extraña mujer, que decía ser del servicio secreto francés, le había dejado apuntado únicamente un número de teléfono en una servilleta de la cafetería del tren. Todavía no llegaba a creer del todo aquella historia que había escuchado, pero por otro lado,  el detalle y la mirada profunda de aquella inspectora le hacía intuir que era cierto. Sin duda llevaba muchos años detrás de Corín.

 Pero era posible que Corín, con esa mirada tan encantadora, ¿perteneciese a una célula terrorista? Le costaba creerlo, pero en cualquier caso tenía 3 días para decidirse y tres posibles caminos que tomar.

 Manu, reflexionaba y analizaba concienzudamente sus opciones mientras  se bebía un par de wiskis del mini bar de la habitación del hotel.

 La primera opción era acabar su trabajo en Budapest y volver a casa. Olvidar toda esa locura y pretender vivir como si nada de esto hubiese ocurrido, volver a llorar junto a su esposa y esperar a que el tiempo le diese una salida.

 La siguiente opción que Manu valoraba, era la de obviar el encuentro en el tren con aquella extraña mujer. Y seguir a Corín  hasta donde ella quisiese llegar.  Al fin y al cabo ese era su deseo más profundo, tan profundo que hasta a él le costaba creer que estuviese metiéndose en semejante aventura.

Y la última de sus opciones era la que la misteriosa inspectora le había propuesto durante su conversación en el tren.   Tras su último trago la decisión estaba tomada.

 Los siguientes tres días transcurrieron sin novedades. Las reuniones de trabajo salieron según lo esperado y sus jefes le habían felicitado por el éxito obtenido. Manu se sentía satisfecho y por primera vez desde hacía muchos meses volvió a sentir algo de paz interior.

 Esa misma mañana llamó a su esposa, quería escuchar su voz. Le dijo que la vería pronto, según lo previsto. Llegó a su habitación y se dispuso a hacer las maletas, tal y como le había indicado la inspectora, de la cual todavía no sabía su nombre. Metió todo lo relativo al trabajo en una de ellas y la entregó en recepción para que le la guardasen en consigna un par de días.  En la otra metió la ropa para el fin de semana y la subió al coche que ya le estaba esperando en la puerta.

 El chofer le dejó en la puerta del consulado francés,  Lendvay Utca, 27.

 Como le dijo la inspectora le estaban esperando,  dos hombres con aspecto de funcionarios le guiaron hasta una sala en la segunda planta. Una gran reproducción del cuadro de Raoul Dufy, el casino de Niza, presidía la sala. Aquel cuadro no parecía nada apropiado para una embajada y menos aún en una ciudad como Budapest. Manu lo observaba con entusiasmo, era uno de sus cuadros predilectos y era extraño encontrarlo dado que no era un pintor muy popular.

 Al cabo de unos minutos las puertas de la sala se abrieron lentamente, y una joven pelirroja asomo la cabeza.

- ¿desea tomar algo señor?

- le agradecería un poco de agua.  Gracias

 Las puertas se cerraron con la misma suavidad que se abrieron, pero unos segundos después se abrieron violentamente y se escuchó un golpe en el suelo que asustó a Manuel.  Era el bastón del embajador, que golpeaba contra el suelo mientras hablaba enérgicamente  y detrás estaba la inspectora con un gesto serio pero complaciente en su rostro.

 La reunión duró unas dos horas. En el primer momento ya le aclararon que ésta no era una forma normal de proceder, dado que Manuel no tenía ningún conocimiento de espionaje, pero consideraban que la operación requería correr este riesgo. Allí también estaban algunos miembros del CNI español, que explicaron a Manuel los riesgos que corría y también le aseguraron que contaba con el apoyo del Gobierno de España. Tras darle una gran cantidad de instrucciones e información, le aseguraron que si hacia todo como le habían indicado no correría ningún riesgo.  Él debería limitarse a escuchar con atención y seguir teniendo la misma actitud con Corín que hasta ahora.

 Finalmente, le adelantaron que esa misma noche Corín le invitaría a una fiesta en la que habría muchas autoridades. La inspectora estaría allí pero debía fingir que no la conocía.

 Al finalizar la reunión, Manuel le preguntó al embajador sobre el cuadro y este le contestó sonriente.

 - Es mi ciudad natal, mi querida Niza. Este cuadro lleva viajando conmigo durante los últimos 30 años de mi vida. Me recuerda que, pese a mi vida errante, mi casa está en Francia.

 - Precioso ¿no cree? Añadió la inspectora. Yo también nací en Niza.

 Déjeme que le advierta una cosa Manuel, pase lo que pase, no bese a esa mujer.

 Manuel sonrió pero no pudo decir nada más. Eso era precisamente lo que más deseaba, besar a Corín, o quien fuese esa mujer.  Pero parecía que las cosas habían cambiado.

 A las 17.40h Manu estaba en el lugar indicado, cuando ella apareció.

 - Manu! ¿cómo estás amigo? Le dijo airosamente Corín, mientras se recogía su rizado pelo a un lado y le abrazaba cariñosamente. Tengo una sorpresa para ti, esta noche asistiremos a una elegante cena en la cuidad.

 La cara de Manu era sinceramente de sorpresa, los planes de la inspectora se estaban cumpliendo.

 - ¿En serio? Pero si no tengo nada elegante que ponerme.

- Eso no es un problema Manu, iremos a ahora mismo al centro de la cuidad y compraremos algo adecuado.

- ¿Estas segura? ¿Pero de qué se trata?

- Lo sabrás en unas horas, mientras tanto deja que tu imaginación vuele y piensa en la parte bonita que tiene la incertidumbre.

 La sonrisa y la mirada ilusionante de aquella mujer conseguían casi anular su voluntad.  Al propio Manu le sorprendía como Corín,  aun sabiendo que era peligrosa y casi desconocida, conseguía embaucarle. Pero, en ese mismo instante, las palabras de la inspectora Lacroix resonaron en su cabeza, “pase lo que pase,  no bese a esa mujer”.

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2 Comments

  • Responder abril 18, 2014

    Marcela Catalina del Castelo

    Me encanta este capitulo!!!muy real e interesante sin duda de nuevo esta autora la mejor!!enhorabuena!!

  • Responder abril 18, 2014

    Luiset de Todos los Ganchos

    Lectura más increible que en la vida leí!

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