(R1) La luz al comienzo del túnel

Luztunel

“Antonín Dvořák”, leyó pensativo estudiando el billete de tren. Ese nombre, junto con los números de los horarios y el importe en coronas, eran lo único que entendía de todo el texto incluido en el billete. Se había preguntado a menudo, cómo un pueblo que daba tanta importancia a la cultura, capaz hasta de bautizar un tren con el nombre de uno de sus grandes escritores, podía tener un carácter tan agrio y complicado. “En fin…” – pensó “…con los húngaros todo irá mejor…”

Se subió al tren dispuesto a relajarse durante las seis horas de viaje en los que solía sentirse absolutamente a salvo de imprevistos y llamadas inoportunas que pudiesen descomponer su agenda.

La empresa pagaba de buen grado los billetes de avión a los empleados productivos como Manu, pero siempre que acudía a Centroeuropa organizaba el viaje de la misma forma. Se quitaba de en medio Praga, ciudad en la que no se sentía nada a gusto; y reservaba Budapest para el final pensando en la “perla del Danubio” como un incentivo que hacía la idea del viaje un poco más agradable. Colocó su equipaje y se dirigió al vagón bar a tomar una estupenda cerveza checa.

-       ¿Male pivo?- preguntó el camarero sin levantar la mirada

-       No, no, big pivo- respondió Manu mezclando inglés y checo. Sabía decir pocas palabras en checo, pero cerveza –pivo- era una de las que primero y más fácil había aprendido. También sabía que “male” significaba pequeño y él quería una cerveza grande, muy grande. Directamente proporcional a todo lo que bullía en su cabeza desde la última vez que había visto a Corín.

Cogiendo su cerveza se sentó junto a la ventana y observó como la estación central de Praga quedaba atrás. Observó el Museo Nacional, el Palacio de la ópera, los últimos edificios modernistas y el monumento a Dubček portando la bandera tricolor. Recordó cuando había estado allí con su mujer embarazada de su hijo y pensó en cuánto habían cambiado las cosas desde entonces.

Ensimismado como estaba, la primera hora de viaje transcurrió tan rápido que se sorprendió al ver las plantaciones de lúpulo que indicaban la lejanía de la ciudad. Pidió otra cerveza y un sándwich de jamón y queso. Llevaba cinco años viajando a aquel país y todavía no se había conseguido acostumbrar a la comida, compuesta en gran medida por cerdo y salsas diversas disimuladas con especias.

-       Disculpe, es usted español ¿Verdad?- dijo una voz de mujer interrumpiendo sus pensamientos.

-       Eh…sí, ¿por qué?- respondió incapaz de expresar otra cosa que no fuese sorpresa.

-       Bueno…digamos que es solo una forma de romper el hielo e iniciar una conversación. Necesito hablar con usted sin prisa ¿quiere otra cerveza?- Miró a la mujer sorprendido intentando comprender porque una desconocida se dirigía a él con una determinación tan clara.

-       Pues, podrá supongo. ¿Nos conocemos? Y sí, quiero otra cerveza…

Acercándose a la barra, la mujer pidió dos cervezas en un checo que a él le pareció perfecto y retornó a la mesa con ellas.

-       Verá…- dijo arrastrando la palabra como si no supiese por donde empezar- ¿prefiere que le llame Manu o Manuel?

-       Prefiero que me explique quien es usted y de qué tiene que hablar conmigo- respondió inquieto.

-       Bien, veo que es usted un hombre directo. Eso hará que todo resulte más fácil- bebió un  largo trago de cerveza mientras Manu la miraba impaciente- Lo que le voy a decir no debe salir de aquí y es posible que le genere bastante inquietud. Me da lo mismo si usted me garantiza su silencio, nosotros nos encargaremos de garantizarlo…

Manu empezó a mutar su curiosidad y enfado por inquietud, la mirada de aquella desconocida no desvelaba un ápice de vacilación y parecía capaz de “garantizar” su silencio, no sabía cómo, pero algo le decía que así sería. Se dispuso a escuchar y callar intentando valorar una estrategia.

-       Le escucho- dijo acercándose el vaso de su tercera cerveza a la boca.

-       Sabemos que Irina y usted se van a ver en Budapest y necesitamos su ayuda

-       ¿Irina? ¿quién coñ… es Irina..?. preguntó impulsado por la cerveza

-       Ah…¿Cómo se llama esta vez. Marlene, Francine….? Déjeme recordar… Corín, ¡claro! No me acordaba, debe estar bajando la guardia. Ya utilizó ese nombre otra vez…

Manu pensó que alguien le estaba tomando el pelo. ¿Quién era aquella mujer? Y sobre todo, ¿cómo sabía de su cita con Corín? No se lo había contado a absolutamente nadie …

-       Manu… me permite llamarlo así. ¿verdad? Lo que le voy a contar – siguió sin esperar mi respuesta- parece extraído de una novela, pero puede creer que es tan cierto como que este tren viaja sobre raíles.

Intentaré explicárselo desde el principio- dijo recostándose sobre el respaldo de la silla- Hace muchos años que el servicio secreto francés – para el que trabajo- le sigue la pista a Irina. Es una peligrosa terrorista a sueldo, tuvo una educación esmerada, posee buenos modales, habla varios idiomas y resulta especialmente atractiva para los hombres, a los que suele utilizar como tapadera.

Deseó que todo fuese un sueño, pero acostumbrado a su ingenuidad innata, supo que aquella historia era verdad e intuyó también que cuando la mujer acabase de contarle lo que pretendía, nada volvería a ser igual…

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