(R1) Hacia el norte

HaciaNorte

Manu recordaba a Corín más de lo que él mismo deseaba, aquella mujer tan misteriosa y atractiva se había convertido en casi una obsesión.

Sonó el despertador. Llevaba minutos observándolo esperando a que la alarma saltase.  Aquel sonido le había despertado durante los últimos 8 años para comenzar, dia tras dia,  una vida excesivamente rutinaria. Tras la muerte de su hijo, tenía la sensación de que Iratxe ya no le comprendía, o ¿era él mismo el que no se reconocía?

Las discusiones constantes entre ellos hacían que Manu se ausentase largos periodos, alargando sus viajes y buscando excusas para pasar más horas en la oficina.

Aquella mañana su esposa le llevó, una vez más, al aeropuerto. Decidió ser rápido en la despedida por dos razones;  porque llevaba demasiado tiempo deseando subirse a ese avión y  porque, como siempre, había calculado muy justo el tiempo y no contaba con demasiado margen para llegar a la puerta de embarque.

El avión salió puntual.  Fue un vuelo sin sobresaltos. Aterrizó en hora y las maletas llegaron rápido a la cinta transportadora. Manu estaba de nuevo en Israel. Le extrañó no haber coincidido con Josu durante las últimas semanas, pero lo cierto era que desde que se escribía con Corín no le había vuelto a ver . Recordaba bien su último encuentro bajo la lluvia y el enfado de Iratxe.

Aquel viaje iba a ser diferente. Los tres primeros días los dedicaría a gestiones de la compañía. Pero desde el jueves iba a dedicarle 2 días al proyecto de Corín, “riegos al mundo”. Ella le había pedido ayuda y esa era la razón de sus constantes mensajes. Pero a Manuel le intrigaba Corín más allá de sus proyectos y  ella lo sabia.

Al fin llegó el jueves. Debían de llegar esa misma noche a Ein Gev, ciudad que estaba al otro lado del Mar de Galilea, justo con la frontera Siria. El viaje de Tel Avid a Tiberiades les llevaría unas 2 horas por lo que ya llegarían de noche y desde allí debían cruzar en un barco de la ONG hasta Ein Gev.

Manu se encontró con Corín en la puerta del centro de convenciones de la ciudad. Ella llevaba ya más de un mes en Israel y había aprendido rápido a moverse por el país.  Llegó en un jeep color verde, con el pelo tapado por un pañuelo pero sus rizos rubios se escapan con la fuerza del viento. Era inconfundible.

- ¡Bienvenido!.   Exclamó Corín, mientras agitaba la mano sacándola por la parte alta del vehículo descapotable.

- Corín, ¡qué alegría verte!  Pensé que llegarías con retraso. Están colapsadas todas las avenidas de  la ciudad, pero veo que ya aprendiste a callejear y hasta has llegado antes de tiempo.

Corín sonrió amablemente y le abrió desde dentro la puerta del coche invitándole a subir.

- Debemos darnos prisa Manu. Pronto empezarán los controles de la tarde y debemos  evitarlos para llegar a tiempo a Tiberiades.

- Si lo sé, salgamos rápido de la cuidad.

Durante el viaje, Corín dejó que Manu le hablase de su vida. Quería conocerle mejor.

- Corín quiero agradecerte tu confianza en mi. Me alegra poder ayudar en este proyecto y pensar que con mi asesoramiento podré crear un mundo mejor. Muchas familias podrán tener acceso a aguas para regadío y mejorar así su calidad de vida. Pero hace tiempo que quería contarte algo, mi hijo murió hace unos meses, y lo cierto es que desde ese momento no había vuelto a tener ilusión por nada y este proyecto hace que tenga ganas de luchar de nuevo.

-No  me habías contado que tenías familia. ¿ qué le ocurrió a tu hijo?

- Si, se que no te lo había contado, pero  hasta ahora no había encontrado el momento de contártelo. Yo tampoco sé nada de tu vida.

Hubo un silencio un tanto incómodo. Ella no quería hablarle de su vida en ese momento. Tras unos segundos, y para cortar esa tensión Manu continuó.

- Tenía 9 años cuando murió. Y precisamente hoy  habría cumplido 10. Por eso pensé que sería un buen día para empezar algo nuevo.  Y creo que estar lejos de mi casa me ayudará a superar este día. Sé que es injusto no acompañar a mi mujer, pero no podía hacer frente a este día allí.

Manu no sabía muy bien por qué le estaba contando aquello a esa mujer a la que apenas conocía, pero tenía la necesidad de contárselo, de sacar toda aquella presión que sentía en su interior.

- Lo entiendo, se limitó a contestar Corín.

Manu comenzó a llorar. Recordaba a su hijo riendo en la escalera del colegio mientras se despedía cada día que le dejaba en la escuela. No llegaba a entender que sentido tenía su vida ahora que Carlos no estaba. ¿Era este viaje una señal?

- Discúlpame. Dijo Manu retirándose  las lágrimas de los ojos. No debería hablarte de estas cosas pero hoy es un día difícil. La enfermedad de Carlos no fue muy larga pero si fulminante. Mi hijo sufría Anemia de Fanconi y eso provocó que no pudiese superar una infección pulmonar que comenzó con un simple catarro. Nunca llegué a creer que moriría, sabíamos de la dificultad que esta enfermedad le provocaba pero siempre había logrado salir de todas las complicaciones y esta vez incluso parecía menos grave que en otras ocasiones. La noche que murió yo no estaba allí y eso es algo que no he conseguido perdonarme. Sabes Corín, ver la muerte de un hijo es algo contranatural y ningún padre puede imaginar lo duro que es hasta que lo vive. Incluso ahora, me despierto alguna noche creyendo que todo ha sido un sueño, pero no,  él ya no está aquí.

En ese momento un autobús les adelantó y al reincorporarse a su carril casi les golpea, lo que provocó que Corín diese un volantazo y las ruedas derechas saliesen del asfalto y provocasen un fuerte sonido de la grava lateral golpeando el coche. Fue en ese momento cuando Manu reconoció la cara de uno de los pasajeros sentados en la última fila que miraron hacia atrás al ver la maniobra que casi les saca de la carretera, era Josu de nuevo.

El corazón de Manu estaba acelerado y su respiración entrecortada. Corín le observaba y asentía haciéndole ver que le entendía. En realidad ella no tenía ni la menor idea de lo que era perder un hijo pero si un hermano mellizo y creía entender sus sentimientos. Esa fue la razón de que ella empezase a colaborar con la ONG y cada vez a estar más involucrada en sus doctrinas radicales, fue su vía de escape. Y creía que también podía ser la de Manu.

Comenzaron a ver las luces de la ciudad de  Tiberiades. Llegaron al puerto y allí estaba  esperándoles aquel hombre que había recogido a Corín el día que se conocieron en el vuelo. Les indicó donde aparcar el jeep y luego le siguieron hasta un antiguo barco pesquero ahora propiedad de la ONG.

Sentado ya en la cubierta del barco, Manu se sintió aliviado, soltó la mochila y se tumbó para contemplar las estrellas, reconoció la osa polar.

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