(R1) El Ateneo

Ateneo

En este capítulo se empieza a vislumbrar la trama en la que estarán envueltos Manu y Corín. La muerte del hijo de Manu será una pieza clave en un complejo rompecabezas en el que El Ateneo (centro privado de investigación) y la clonación de personas, van a ser el motor de una historia con nuevos personajes, organizaciones e intereses personales, económicos y religiosos.   

 El taxi empezó a rodar de forma pausada por la ancha calzada que salía del aeropuerto. Cuando la terminal dejó de verse por el retrovisor, el hombre rubio que acompañaba a Corín se dirigió al conductor.

-       Asad, tenemos prisa, acelera y dirígete al campamento del norte

-       De acuerdo Rob

Entonces Rob se volvió hacia Corín y con una mirada fría la espetó,

-       ¿Conseguiste averiguar algo?

Corín comenzó a recordar las horas que había pasado charlando con Manu. No habían hablado de grandes cosas, solo de trabajo y de otros asuntos bastantes nimios. El libro de riego y su trabajo en una ONG solo habían sido el gancho para poder entablar una conversación con él y así facilitar la misión que le habían encomendado. Sin embargo su sencillez y su dura historia familiar, que ella ya conocía de antemano, la habían cautivado. Algo dentro de ella y su propia naturaleza emotiva la habían impedido averiguar lo que la habían encargado. Sin embargo, no olvidaba su compromiso con el Ateneo.

-       Solo en parte. No he visto el momento de hablar del tema- contestó Corín intentando evitar la indignación que presuponía en su interlocutor.

Rob, se puso rojo de ira,

-       ¡Cómo es posible! Has estado más de dos horas hablando con él. ¿Tan difícil es preguntar por su familia? Mira Corín, sabes que esto no es un juego- continuó algo más calmado.

-       Entiendes lo importante que es averiguar lo que realmente pasó con su hijo. Nosotros arriesgamos mucho, pero tú también. Te recuerdo que si se hace público tu trabajo, no solo te dará la espalda la comunidad científica, sino que te será muy difícil volver a trabajar en alguna Universidad de mínimo prestigio. Además, como bien sabes, el riesgo de poder perder a tu hija para siempre.

Lo sabía, no necesitaba que se lo recordaran. Lo tenía presente cada minuto de su vida desde hacía ya más de ocho años. A su hija Sophie la había sido detectada una enfermedad rara, igual que le había pasado al hijo de Manu. A diferencia de éste, la vida de Sophie estaba ya acotada. Los médicos la dieron una esperanza de vida no superior  a los diez años.

Había pasado su infancia y su juventud en el entorno de una familia conservadora católica, a pesar de sus raíces árabes. En  este ambiente, el estudio y el posterior trabajo habían venido marcados por la estricta educación que había recibido por parte de sus padres.

Los últimos meses habían sido trepidantes y la habían conducido por un camino que nunca tuvo previsto transitar. Al finalizar la carrera de biología se había especializado en ingeniería genética, trabajando como investigadora en un centro de investigación público mientras finalizaba su tesis doctoral. Una vez concluida, consiguió rápidamente una plaza de profesora titular en el departamento de bioquímica de la Universidad de Lovaina. Durante casi cinco años compatibilizó su labor docente con una convencida y vocacional labor investigadora. Una vocación forjada por la pasión de Sophie. Desde el momento que asimiló la enfermedad de su hija había dedicado todos sus esfuerzos a intentar averiguar el origen de su enfermedad y la posibilidad de avanzar en una cura.

Fue al asumir que no existía solución posible, cuando su vida volvió a dar un giro de ciento ochenta grados. Cinco años después de dedicarse por entero  a la investigación, recibió una sustanciosa oferta de un centro de investigación privado en Israel, denominado El Ateneo, aunque no fue el dinero lo que la atrajo. Ahí coincidió con numerosos colegas de todas las nacionalidades, todos ellos genetistas.

El proyecto era todo un reto, una puerta abierta a la esperanza. Muchos de los mejores y más jóvenes especialistas en la materia, dispuestos a explorar nuevas posibilidades genéticas. Lo último en tecnología y un presupuesto de vértigo habrían sido razones de por sí suficientes para convencerla, pero hubo una más, una razón mucho más poderosa. La posibilidad de no perder a Sophie, de repente tomaba carta de naturaleza.

La primera reunión la mantuvo en el propio Ateneo, tras un vuelo en business pagado por la propia Organización.  A pesar de que en la reunión iba a participar el Consejo de Dirección, los directivos no estuvieron presentes. En la sala solo se encontraba ella y un tal Rob, con el que había mantenido una larga conversación telefónica, en la que le explicó de manera somera el proyecto, pero de forma tan sugestiva que no dudó en ir hasta Israel a mantener la entrevista. No era investigador, sino una especie de director ejecutivo, que pilotaba el funcionamiento general del Centro. El resto de los asistentes, dos hombres y una mujer, se conectaron por teleconferencia a pesar de que la sala estaba equipada con sistema de video, por lo que no pudo verles las caras.

Le explicaron su proyecto de mayor envergadura, relacionado con la clonación. Le contaron todos los avances que ya habían realizado en este campo y destacaron la total confidencialidad del mismo. A partir de entonces muchas veces se había preguntado por qué la habían proporcionado tantos detalles de un proyecto tan confidencial, cuando todavía no pertenecía a la organización. No tardaría en averiguarlo.

Nunca había trabajado en el campo de la clonación, pero como cualquier genetista, seguía muy de cerca todos los progresos. Nadie mencionó la clonación de personas, pero no había sido difícil imaginarlo cuando le contaron las principales líneas de investigación. La principal de todas era conseguir una clonación viable, no solo física, sino también de memoria cognitiva y emocional, y ya habían avanzado mucho. Sabían que la combinación de un número determinado de genes era capaz de expresar el carácter, y que éste junto con la memoria, conformaban los sentimientos.

Tenían la tesis de que el traslado íntegro de esta parte intrínseca de un ser vivo a otro permitía que, al igual que sucede al ejecutar el archivo de instalación de un software, se instalaran en el individuo clonado factores intangibles como la emotividad, los sentimientos, etc. De una manera muy sencilla, el carácter era el hardware y la memoria el archivo de ejecución de un complejo software que marcaba la personalidad y todos los factores racionales y no racionales. El cuerpo no era otra cosa que la fuente de energía que permitía que todo funcionara.

Se trataba de una teoría apasionante, un enfoque completamente nuevo sobre el que nunca había leído nada. Poco a poco, según iba devorando los estudios, los experimentos y los resultados, fue germinando en ella un idea disparatada, una imagen que intentaba alejar de su cabeza, pero que cada vez veía de forma más nítida. Podía salvar a Sophie, o al menos podría conseguir que continuara viviendo, aunque muriera. Una paradoja que la aterraba, pero que deseaba cada vez con más fuerza, hasta tal punto, que su vida ya solo tuvo un objetivo.

Lo que nunca pudo imaginar fueron las poderosas fuerzas que habían puesto en marcha la maquinaria, los oscuros intereses que había detrás y, sobre todo, los escarpados caminos que tendría que recorrer, ya sin posibilidad de vuelta atrás. Intrigas en los que muchas personas completamente ajenas a lo que pasaba se verían envueltas; era el caso de Manu y su hijo.

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