(R1) 8:30 Neve Zedek

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Aquel viaje a Tel-Aviv había sido distinto a todos los anteriores.  Habitualmente Manu se hospedaba en el Hilton, pero debido al festival internacional de vino israelita que se celebraba esos días en la cuidad, el hotel estaba completo.  El taxi le dejó en la dirección indicada, Calle Sirkin nº 37, apartamentos Magic Garden. Su aspecto era algo anticuado en el exterior, pero las habitaciones recién reformadas mejoraban sustancialmente la primera impresión. Eran casi las 10 de la noche, escribió un cariñoso mensaje a su esposa avisándole de su llegada y decidió irse a dormir, no tenía ganas de hablar con nadie.

Un fuerte golpe en la ventana le despertó, una paloma había impactado dejando una ligera mancha y plumaje adherido en el cristal.

-          Ojalá no me hubiese despertado, susurró Manuel.

Sentado en la terraza de una coqueta cafetería vio pasar a Corín, con una bolsa de tela color verde caza colgada al hombro.  No pudo reprimir su impulso.

-          ¡Corín, Corín! Gritó desde su mesa.

Ella se dio la vuelta pero no conseguía ver quien pronunciaba su nombre. Manuel agitó los brazos con el Ipad en la mano.  Corina cruzo la calle.

-          Oh la lá! Qué casualidad encontrarte aquí, ¿te hospedas cerca? Pronunció con su suave y encantador acento afrancesado.

-          Si, justo a la vuelta de la esquina.  No suelo quedarme en esta parte de la cuidad pero el Hilton estaba completo y tuve que buscar una alternativa.

La cara de Manuel estaba iluminada de una forma especial. Y Corín detecto rápidamente aquella necesidad de huir que Manu sentía.

-          Tengo un poco de prisa, he quedado en unos minutos con unos cooperantes de nuestra organización, pero ¿Qué te parece que nos veamos más tarde?

-          Si, está bien, tienes mi teléfono, ahí podrás localizarme.  Contestó Manuel muy dubitativo.

Corín le dio la mano y un beso en la mejilla derecha. Se volvió y continuó en la dirección a la que se dirigía.

Aquel sueño le había rondado todo el día. Esa sensación de libertad que le había provocado esa ficticia historia pero que le parecía tan real le hacía recordar la dureza de los últimos días. Pero también aumentaba las ganas que sentía de huir, que le parecía la única forma de calmar aquel profundo dolor, pero sabía que no podía hacerlo.

Corín, cruzó la complicada frontera a Jerusalén. Tras caminar por varias callejuelas como si las conociese hace años, encontró la entrada de aquel escondido lugar. Lo que nadie podía imaginar es que previamente había memorizado el trayecto a la perfección para no despertar sospechas. Bajando unas angostas escaleras, encontró un hombre armado custodiaba la puerta que no pronunció ni una palabra, se limitó a mirarla fijamente.

-          Assalamu Alaikum, dijo entre dientes Corín.

No obtuvo respuesta. Corín decidida pronunció las palabras clave: “Hayat Mawt Huriyah”. Aquel hombre apoyó el cañón del arma sobre la puerta y la golpeó 3 veces. Se abrió y Corín dio un paso al frente. Era la primera vez que participada en un acto terrorista, llevaba años vinculada a esta organización pero hasta ahora sus colaboraciones habían sido de apoyo logístico y siempre a través de Dominique, el hombre que la había recogido el día anterior en el aeropuerto. Y del que se había enamorado hacía un año durante un entrenamiento clandestino al que había asistido después de la muerte de su compañera, Fátima Buladg, en un trágico accidente durante un traslado de explosivos en la frontera entre Siria y Turquía.

La vuelta a Tel-Aviv había sido larga. Ya en territorio Israelí sacó la tarjeta de Manuel y se dispuso a llamarle. Aquel hombre podría serle útil.

-          ¿Manuel? Hola, soy Corín. ¿Me escuchas?

-          Si, con cortes pero puedo entenderte. ¿Dónde estás?

-          Llegando a la cuidad. Nos vemos a las ocho y media en el restaurante Neve Zedek.

¿Lo conoces?

-          Si, perfectamente. Allí nos vemos.

Manu, no sabía porque pero estaba inquieto.

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