La pajarita roja

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Sin duda alguna esa fiesta era espectacular, todas las grandes personalidades de la ciudad debían de estar allí. Las mujeres llevaban grandes joyas, de esas que se ven en las películas, incluso Corín llevaba unos llamativos pendientes de piedras verdes. Y los caballeros lucían corbatas de lazo como la que el mismo llevaba, que Corín había elegido muy acertadamente.

Manuel se sentía incómodo entre aquella gente tan elegante y sonriente. Él no era uno de ellos y creía que todos se daban cuenta.

Tras saludar a muchos de los asistentes, al fin se quedaron un momento solos, estaban  en una terraza desde donde se podía ver toda la cuidad, era una vista envolvente.

-¿Corín, cómo es que acudes a este tipo de fiestas? No crees que aquí se derrocha todo lo que tu ONG podría necesitar. Preguntó Manu de forma espontanea, sin pensar que no era el lugar adecuado.

Corín sonrió y la expresión de su cara dejaba bien claro que esperaba esa pregunta o que la había contestado cientos de veces.

-Es cierto que se derrocha en este lugar, pero los que decidimos dar la vida por una causa mejor, sea la que sea, necesitamos el dinero de estas personas. Si ellos deciden derrochar cien pero nos regalan cincuenta, para calmar sus remordimientos, es mejor que nada. Yo he odiado durante años a esta gente y he peleado por los derechos de los más desfavorecidos en muchos lugares, pero hubo un día que llegué a comprender que en ocasiones el enemigo es tu mejor aliado. Y este es uno de esos casos, mi labor en la ONG es mucho más que coordinar la logística de los materiales, debo estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.

Manu escuchaba atentamente, observaba sus gestos, estaba hermosa con ese vestido rojo hasta los tobillos. En algún momento llegó a ser tan agresiva que se asustó un poco, y le hizo recordar que aquella supuesta inocente y dulce francesita estaba siendo seguida por los servicios secretos de su país.

La sala principal del baile estaba presidida por una majestuosa escalera que se podía ver desde la terraza donde se encontraban Manu y Corín. Manu se quedo mirando fijamente a la mujer que bajaba por aquellas escaleras, un recogido sencillo completamente de negro con un elegante vestido de cóctel. Era la inspectora Lacroix.

-¿Conoces a esa mujer? Le preguntó inquisitivamente Corín.

Manu se quedo en blanco, no sabía que decir. Pero un ligero empujón de un camarero le hizo reaccionar.

-No. Claro que no, no conozco a nadie en esta estúpida fiesta. Pero me recordó a mi madre. Murió muy joven.

Eso fue lo único que se le ocurrió decir.

-¿Ah,sí? Te la presentaré.

-No, no. Te has vuelto loca! No conozco de nada a esa señora. Sólo quiero irme de aquí.

Manu se estaba poniendo nervioso. ¿Por qué había dicho q su madre había muerto? Si seguía viviendo felizmente con su padre.

Corín insistió y le agarro del brazo.

-Sra. Lacroix, un placer encontrarla por aquí. Hacía mucho tiempo que nos veíamos. Le presento a mi amigo Manuel Lalín, trabaja para una gran multinacional de riegos intensivos.

-Manuel, empezó a notar como el calor subía por su cuello. Le tendió la mano para saludarla cortésmente, estaba tan húmeda que se intentó secarsela disimuladamente en el pantalón.

- Un placer conocerla.

-Lo mismo digo.

- Corín y yo somos viejas conocidas. ¿Pero qué le trae a usted por aquí?.

-Manuel, contestó escuetamente sobre su trabajo y su reunión en la ciudad. Y rápidamente se disculpó para ir al baño.

Cuando salió del aseo Corín le estaba esperando. Miraba el teléfono ansiosamente como si esperase alguna llamada.

-Ya veo que no te gustan mucho estas fiestas pero debemos esperar un rato más. Tengo que encontrarme con una persona importante y todavía no ha llegado. Es raro porque siempre suele ser muy puntual.

Manu, tenía la sensación de que todo el mundo le observaba, que estaba rodeado de  espías, contraespías y terroristas. Su corazón latía más rápido de lo normal. Así que decidió que tendría que tomarse una copa para poder lidiar con aquella situación.

Después de un par de ginebras, Manuel se encontraba algo más tranquilo hasta mareado incluso. Pero en ese momento le empezó a resultar divertida la idea de ser una pieza clave en aquel entramado.

Así que Manuel empezó a hacerle todo tipo de preguntas a Corín. Ella contestaba gustosamente a todas ellas y no parecía incomodarle ninguna de ellas.

Manuel, se dio cuenta de que no estaba en la senda correcta si quería averiguar algo que fuese de utilidad para la inspectora Lacroix. Ni las preguntas sobre actividades de la ONG, ni la vida pasada de Corín, parecían incomodarla. O no tenían nada que ver con la trama que Lacroix investigaba o lo tenía tan bien ensayado que era imposible cazarla.

Entonces Manu recordó que estaban todavía allí porque alguien no había llegado.

-¿A quién esperamos? Preguntó Manu.

-Estás muy hablador esta noche, le contestó Corín.

Era la primera pregunta que no había contestado directamente y con esa seguridad que la caracterizaba.  Manu, empezaba a ir en el buen camino, pero en la reunión con la inspectora y el embajador nadie le había desvelado realmente porque seguían a Corín. Ella no había cometido ningún delito, al menos del que fuera oficialmente acusada, porque en ese caso la habrían arrestado esa misma noche.

-El alcohol me hace ser más charlatán y me ayuda en reuniones como esta en las que me siento muy incómodo.

-Ya veo. Contestó con aspereza.

-¿Cómo es? Quizás pueda ayudarte a localizarlo, esto está lleno de hombres con pajarita, espero que ese no sea el distintivo para reconocerle. Manuel se rió de su propia gracia.

-Yo no le conozco. Me buscará el a mí. Volvió a contestar bastante seria.

-Pero si me has dicho que nunca llega tarde, suponía que le conocías.

- Pues suponías mal.

Corín se estaba poniendo nerviosa, y estaba perdiendo su habitual frialdad. No dejaba de pensar en que si algo le había sucedido a su contacto quizás estuviese en peligro. Y  se dio cuenta de que no quería que a Manuel le pasara nada, eso fue una sorpresa para sí misma, nunca le preocupaban sus tapaderas. Pero le consolaba pensar que ahora que la inspectora Lacroix le había visto con ella, seguramente le seguirían unos días así que él estaría a salvo. Todavía no había puesto a Manuel en la lista de la organización, por lo que no tendría problemas. Respecto a ella si esto salía mal, no sabía cómo podía acabar el asunto.

Aquella lista la completaban periódicamente, en ella constaban los nombre y datos de interés de las personas que sin saberlo ayudaban a la organización pero ya tenía demasiada información y si ataban cabos o la policía les interrogaba podían comprometer la misión de los activista o de la organización. Manuel sería uno de ellos, o  al menos para eso le había seleccionado Corín, era un buen contacto para el paso de la mercancía por España.

Corín por fin habló.

-Manu siento haber sido tan brusca, pero estoy muy cansada hoy. Y quiero que llegue Hasik, que es quien debe encontrarse conmigo para indicarme donde debo reunirme mañana con el suministrador de semillas para nuestro proyecto. Al parecer es una persona muy importante y su empresa una multinacional muy conocida, pero quiere mantener el anonimato para generar agravios comparativos con otros proyectos parecidos al nuestros.

-Entiendo. ¿Y no tienes un teléfono dónde localizar a ese tal Hasik?

-No, por ahora no quieren que yo tenga más información, ya sabes esto de las jerarquías en las grandes compañías.

En ese momento Corín hizo un leve gesto de guiño con el ojo derecho. Hasta ahora, Manu no se había percatado de aquel pequeño tic que tenía Corín.

Mientras esperaban sentados en silencio en aquellos sillones de terciopelo verde, Manuel se acordó por un instante de su hijo y de su mujer, les parecían recuerdos de un sueño. ¿Se estaría volviendo loco? ¿Sería todo esto una alucinación?

 Sonó el teléfono y Corín se sobresaltó. La escuchó hablar en algún idioma que él no comprendía.

-Vamos a la entraba.

Se levantaron y con un paso tranquilo se acercaron a la entraba mientras ella le agarraba del brazo. Hacían una bonita pareja. Lacroix les observaba.

Un hombre con pajarita roja se acercó a Corín mientras caminaban entre la multitud y muy discretamente le entrego un pequeño sobre. La inspectora no pudo verlo, pero Manu se dio cuenta aunque disimulo como si no hubiese visto nada.

Llegaron a la entrada y Corín pidió un taxi.

-¿Pero no íbamos a ver a tu contacto?

-Parece que no hoy pudo venir, contestó airosamente Corín.

Les quedaban 45 minutos en el taxi antes de llegar al hotel.

Una vez sentados en el taxi, Corín no tardó en quedarse dormida. Manu estaba nervioso. Tenía que informar a Lacroix de que Corín tenía un sobre con información, que parecía valiosa, en su pequeño bolso de mano. Tenía incluso la tentación de intentar abrirle el bolso pero aquello sería su sentencia  de muerte si ella se daba cuenta. Decidió quedarse quieto y esperar a las indicaciones de la inspectora.

Llegaron al hotel, Manu pagó el taxi y muy caballerosamente le abrió la puerta a Corín y cuando ella se dispuso a salir,el pequeño bolso cayó al suelo y se abrió dejando todo su maquillaje y monedas por el suelo. Él se puso a recogerlas y al ver el sobre fue rápidamente hacía el, pero el taxista que también se había bajado lo recogió rápidamente y se lo entregó a Corín.

Se despidieron en el hall del hotel y subieron a sus habitaciones.

-¿Nos vemos mañana para desayunar a las 8.45?, sugirió Corín.

-Perfecto. Qué descanses Corín.

Corín le beso suavemente la mejilla y se alejó.

Manuel no podía contener el nerviosismo, tenía que informar a Lacroix. Entró en la habitación precipitadamente y fue directo a la caja suerte, tecleó la clave de seguridad que era el año que nació su hijo. Y con las manos temblorosas  encendió el teléfono que le había dado el embajador en la reunión. Y como le indicaron escribió un mensaje de texto:

Un hombre con pajarita roja le dio un sobre cuando salíamos. Pero sólo he podido ver parte de lo que ponía  “mañana mercado de abastos”.

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