El rincón oscuro de Begoña

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La situación de Manuel esconde un por qué. Probablemente este viaje sea el último que haga a Israel por motivos de trabajo. Los meses anteriores han sido una tortura para él y para su familia. La muerte en extrañas circunstancias de su bebe, el intento de suicidio de su mujer, Begoña, y su internamiento en el centro psiquiátrico torturan la mente de Manuel, que está medicándose. ¿Quién es ese Josu que aparece y desaparece de su vida de manera fugaz? ¿qué hace en Israel? ¿ y esa extraña tablilla en el  campo III de la que le da cuenta Gerard…?

 Abrí la puerta, dejé las llaves sobre la pequeña mesa del recibidor y me quité de manera descuidada la chaqueta.

Llevé la maleta a lo largo del corredor y pasé a la habitación, dejé la maleta apoyada sobre la pared y me dejé caer sobre el borde la cama, con mis pensamientos, los mismos que me habían estado acosando durante todo el viaje de vuelta.

Por unas horas, el viaje en avión, la conversación con Corín, los cultivos…el libro…incluso la última visión de su entrada en el taxi alejándose con aquel joven rubio…con la ilusión de tener por fin una noche ilusionante después de tanto tiempo con una mujer, habían conseguido hacerme olvidar.

La visión fugaz de Josu, su sonrisa tranquila, su actitud de espera y de la misma forma su desaparición, tan fugaz como su aparición, habían conseguido retrotraerme hacía otros momentos por unos breves instantes, sin duda momentos muchos más felices.

 -          Edu?, soy yo, Manu…si, he llegado ya, estoy en casa por fin, bueno si a esto se le puede llamar casa.

 Eduardo y Esther, se habían convertido en grandes amigos nuestros desde aquel día que habíamos coincidido en Bruselas. Ellos eran un joven matrimonio de médicos de visita por la ciudad con motivo de un congreso científico. En un momento de asueto del mismo, habían decidido hacer un poco de turismo y visitaban el Parlamento. Yo esperaba en ese momento a que Begoña saliera del trabajo para comer juntos, una de las pocas veces que habíamos conseguido coincidir en nuestras agendas en los últimos dos meses. Esther me preguntó al respecto de una duda que tenía en un perfecto inglés. Haber pasado la mayor parte de su infancia en Australia con motivo de un traslado de trabajo de su padre, le había concedido una extraordinaria inteligencia y un gran don de lenguas. Contesté de igual forma, y al trasladar la respuesta a Edu, me di cuenta de que eran españoles.

Accedimos a comer juntos y me presté a enseñarle la ciudad una vez que Begoña pudiera volver a la oficina a continuar con sus funciones.

Esther y ella congeniaron desde el primer momento. A pesar de la timidez de ambas, o quizá precisamente por esa misma circunstancia y no a pesar de ella.

-          ¿Cómo está, ha habido alguna novedad?

-          No lo sé Manu, sabes que esto lleva su tiempo, no debes agobiarte, esto ya lo hemos hablado. Además sabes que está en buenas manos.

-          Esto lo sé Edu, pero todo lo que hemos pasado en estos últimos seis meses…y yo aquí, no puedo seguir así, no podemos seguir así…puedo hablar Con Esther, quiero saber cómo está?

-          Si, espera un segundo te la paso ahora mismo. Un beso tio, cuídate mucho, y llámame, sabes que tenemos una conversación pendiente.

-          Edu, no voy a pasar consulta contigo, ya lo hemos hablado.

-          Bueno, tú llámame, ¿de acuerdo?

-          Ok, pásame con Esther por favor.

 Esther, era la responsable de planta del Hospital Psiquiátrico Julián Ajuriaguerra de Bilbao. Había sido un enorme apoyo, y una luz al final del túnel cuando perdimos a Rubén.

Rubén era mi niño, nuestro niño…sólo tenía nueve años, lo había dejado en su colegio como siempre cada mañana para poder marcharnos a trabajar, y en el camino de nuestras respectivas oficinas. Nadie supo decirnos que era lo que había sucedido, tan sólo una llamada a las 13 horas avisándome con voz temblorosa de que por favor acudiera al colegio, que había surgido un pequeño problema.

Al llegar allí, la directora del centro me recibía angustiada con las manos temblorosas y una ambulancia de emergencia sanitaria en la puerta. Al parecer, al regresar de una clase, Rubén se había sentado en su pupitre y tenía dificultad para respirar, una crisis respiratoria había llevado sus ojos a blanco y había comenzado a convulsionar en el suelo…tras unos segundos en el suelo sin saber muy bien nadie qué hacer no respondía, y parecía que no respiraba. Quise correr, pero mis piernas se anclaron al suelo como dos gigantescas losas de hormigón que me impedían reaccionar. Un sudor frío, y la mayor sensación de MIEDO de toda mi vida. Si no has vivido algo como esto, no sabes qué es el pánico más atroz, y la mayor de las impotencias.

El servicio de emergencias, se llevó a mi niño a una especie de servicio UVI pediátrico del hospital. Todo fue inútil. Fueron incapaces, de devolverme a mi niño de su ensoñación profunda.

Al parecer había sufrido lo que el colectivo médico denomina, “muerte por crisis respiratoria”, muy común en su enfermedad al parecer. El sistema inmunitario provoca un ataque repentino contra sí mismo, al entender que aquello que habita dentro de sí no es más que un cuerpo extraño y nocivo que debe eliminar. Primero silente, con crisis parciales de las cuales se suele salir. Progresivamente las crisis se hacen más patentes, y más intensas, el cerebro no puede controlar el aparato locomotor a través del sistema nervioso central y se paraliza. Por esta misma razón, los pulmones dejan de funcionar, se apagan como un motor, y el individuo se va quedando sin la posibilidad de respirar, de manera consciente, sin poder hacer nada por evitarlo, se asfixia, como el que recibe la visita de un sicario tras de si con una bolsa de plástico.

Según los médicos, se desvaneció, y en este último caso, Rubén no fue consciente de lo que le estaba sucediendo. No me consuela.

Begoña, no lo podía aceptar. No quería aceptarlo. Ninguno queríamos, pero ella. Simplemente, no era dolor, simplemente…desapareció. No la vi derramar una sola lagrima después de enterrar a Rubén. Nos fuimos alejando poco a poco, cada uno sumido en su tristeza supongo, hasta que un día, al llegar a casa encontré a Begoña totalmente postrada en la bañera, el grifo abierto y las muñecas sangrando de manera abundante…fue un milagro que no sucediera el peor de los desenlaces.

Tomé la decisión de manera unilateral, de marcharnos a Bilbao. La familia de Begoña estaba allí. Y Esther y Edu también, y quién mejor que ellos para poder ayudarnos a hacer más llevadero algo que jamás podríamos superar del todo.

 -          Esther, dime la verdad, podemos hacer algo?- la pregunté sin tapujos. El día anterior, me había mirado desde su silla de ruedas de nuevo a los ojos por vez primera desde hacía 7 meses, y su mirada era la prueba de un vacío y el mayor de los deseos de desaparecer de este mundo.

-          Siempre se puede hacer algo Manuel. Estáis pasando por una situación muy compleja, pero todo es superable. Sigue sin hablar, y en estado de semi catatonia pero creo que estamos haciendo avances.

-          Termino de gestionar los papeles aquí, cierro el proyecto y me marchó para allá.

-          Estás seguro de eso? Sabes que no es necesario, aquí tiene a sus padres, y estamos nosotros…

-          Lo sé Esther, pero…estoy confundido, no se ahora mismo, que hago aquí, para qué…por qué…no sé Esther son tantas las preguntas, y Bego…no me habla, no me mira, no reacciona, también era mi hijo, tú lo sabes. Teníamos todo lo que habíamos perseguido durante tanto tiempo, Rubén, con lo que nos costó, y fíjate que puta que es la vida, que en un segundo te da la vuelta y desaparece de un plumazo todo…todo.

 Nos despedimos con la promesa de que llamaría a Edu. Saqué de la maleta un pequeño frasco color marrón y me dirigí al baño. Tras unos segundos mirándome fijamente, la barba de cuatro días, el pelo moreno cuajado de canas, las bolsas de los ojos testigo de un cansancio acusado de varias noches sin dormir. Abrí la ducha, giré la manecilla hacía el agua caliente, en cuestión de dos segundos el vaho se hizo presente en el baño cubriendo el cristal del espejo.

Destapé el bote y cogí dos pequeñas pastillas de un color hueso. Me miré, las miré y me las llevé a la boca mientras mi mano derecha se posaba con fuerza en lo que debía ser el reflejo de mi cara…una cara ahora borrada por lo empañado del cristal, fiel metáfora de lo que ahora era mi vida.

Tras la ducha, me acomodé como pude en la cama. Alcancé mi ipad, y me dispuse a revisar el correo de la empresa.

¿Por qué cojones, había tardado tanto Gerard en mandarme el informe?

¿Qué era eso, de una tablilla en el campo tres con unos extraños símbolos?

Si esa operación no salía, desde luego, mucha gente no estaría nada contenta en las oficinas en Bruselas.

Cerré el ipad, mañana me acercaría, antes me puse una nota a modo de recordatorio: “Darle un capón a Gerard en el momento que le vea”.

8 Comments

  • [...] el Glosobook, y no sólo eso, sino que la competición es reñida, pues el último relato recibido, “El oscuro rincon de Begoña”, se ha colocado en cabeza en sólo dos [...]

  • Responder diciembre 14, 2013

    Amaya

    Esta bien la idea…enhorabuena JC, aunque en algún momento pierde…de todos modos, ya es mucho más de lo que yo soy capaz de hacer

    • Responder diciembre 16, 2013

      JC

      Gracias Amaya, ten en cuenta que es el capítulo 2 si en este caso se desenvuelve toda la trama, nos cargaríamos la totalidad de la novela, así damos posibilidad a abrir más líneas, más personajes e historias que hagan más rica la continuidad de la acción. No obstante muchas gracias por el feed back y por tu tiempo para leer el capítulo.

  • Responder diciembre 18, 2013

    Mª José

    Me gusta, estaré pendientes a los siguientes capítulos…

    • Responder diciembre 23, 2013

      JC

      Gracias María José, seguiremos trabajando para estar a la altura de las expectativas…creo que os gustara la continuidad de la trama

  • Responder diciembre 26, 2013

    Cristina

    JC, Ha despertado mi curiosidad el tema de la tablilla de Gerard, estaré pendiente de tu continuación a ver como se desarrolla la trama!. Por cierto, me ha llamado la atención que el hijo de Manu en tu capitulo tambien se llama Rubén

    • Responder diciembre 26, 2013

      JC

      Hola Cristina, muchas gracias por tu comentario y por tu tiempo para leer la historia. Veremos qué sucede con Gerard y con la historia que esconde, si aparece Josu, o no, si de nuevo Corin toma relevancia en la historia, Begoña…una historia o mas? esto es lo bonito no?
      Con respecto al nombre, pues sí, la verdad, ha coincidido sin más…podría haber sido otro nombre, pero ha sido este.

  • […] […]

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